6. Herzensbrecher

6. Herz Zerbrecher

-Oye, siente algo raro en el pecho, como una punzada…

-¡Qué va! ¿Sabías que es mentira eso de que el corazón duele?

-¿En serio?

-Japps, así es. Te dolerá alguna otra cosa, el bazo o algún músculo.

-El corazón es un músculo, genio.

-Sí, pero ya te dije que no duele…

Ella se despidió y pulsó el botón rojo para bajarse del camión. A pesar de lo que le había dicho su amigo, seguía teniendo esas “punzadas” pero se limitó a ignorarlas.

Ella tenía miedo, el más terrorífico de todos, una pesadilla en carne propia; le tenía miedo al amor.

Pensarán que es como tenerle miedo a un Chihuahua, que en su debido caso sí hay que temerles pues aunque son pequeños, muerden como pirañas. Como sea, le tenía miedo al amor y no al hecho de que la engañaran sino a terminar con el corazón roto.

Por ejemplo, ahora. Tenía a su lado a alguien maravilloso, alguien en quien confiaba en el tema de la fidelidad pero que por la misma razón de que era muy sincero, ella sabía que cuando él no quisiera nada más, se lo diría a ella con total tranquilidad. Le aterraba que eso sucediera de un día para otro, un

“Hola, ¿qué tal? ¿cómo va tu día? ¡Ah! ¿Sabes? Necesito decirte algo: ya no te quiero”.

Kaputt.

Le punzó lo que fuera que tuviese y se mordió los labios tratando de alejar esos pensamientos de su mente.

-¡Es ridículo, una total estupidez tenerle miedo al amor!

Conforme fue pasando el día, sus ideas se recrudecieron. Empezó a escuchar voces -sus voces- algunas clamaban atención a gritos, indicándole que disfrutara lo que tenía ahora. Otras reían. Algunas más le decían que fuera fría. Un alguien igual a ella pero con una apariencia bastante perversa, se posó a su lado.

-¡Hey! -Saludó.

-¿Quién eres?

-Hmm… Pero sí que me vas a romper el corazón -dijo con sarcasmo-. ¿No ves que soy igualita a ti?

-Yo no tengo el cabello plateado.

-No es plateado… es blanco, ciega.

-Y también tengo modales.

-Claro… En fin, no estoy aquí para ayudarte.

-¿Que no eres mi conciencia?

-No, tu conciencia es muy… inconsciente. Soy tu miedo.

-¡Vaya! Pues sí que asustas.

-Deberías verte en un espejo. -Sonrió el miedo.

-Bueno ¿qué quieres?

-Fácil: quiero librarme de ti. Es muy aburrido estar siempre contigo. ¿Miedo al amor? ¡Por favor! Hay muchas cosas horribles en el mundo: armas nucleares, el calentamiento global, artistas pop, payasos o arañas… ¿Pero el amor? De todas las personas que me pudieron haber tocado, eres la más ridícula.

Ella miró al miedo con desdén. Y siguió caminando hasta sentarse junto al lago, para alimentar a las tortugas. El miedo se apareció a su lado.

-Escucha… tengo la forma de conseguir que yo desaparezca. ¿Te interesa?

La chica le prestó atención entonces a su ángel mal hecho.

-¿Cómo puedo no tenerle miedo al amor?

El miedo sonrió, mostrando sus hileras de dientes afilados y puntiagudos.

-Observa, tengo esta … ehm… varita mágica, o como quieras llamarle, que sirve para abrir tu corazón.

-Eso suena bien… ¿Cómo funciona?

-Sólo debes llegar hasta tu corazón y abrirlo. Así, ya no sentirás miedo. Toma -Le dio el “instrumento”-.

Ella sintió un dolor agonizante. Pero veía en su pecho la luz de su corazón, que se desbordaba como un manantial de pureza.

-¡Lo estoy abriendo, lo estoy abriendo! -gritó ella.

-Chao. Loca.

La luz desapareció: se volvió líquida y roja.

El punto más brillante, del cual irradiaba toda esa materia, se hizo grande como un puño.

Su última mirada fue su corazón, destrozado, entre sus manos sangrientas.

Fue encontrada 20 minutos más tarde, unos niños que jugaban cerca descubrieron el cadáver de una chica, joven y no muy alta. Al parecer, alguien le había abierto el pecho y arrancado el corazón, para luego ponérselo en su mano izquierda.

-Tal vez tenemos frente a nosotros el caso de un asesino serial. -Comentó un oficial de policía, aficionado a los Krimis (Novelas criminales).

-Ah… -Suspiró con languidez el jefe-. Esperemos que venga perciales y haga el moviemiento. Y que digan que fue pasional. Mañana es feriado y el presidente ha declarado fin de semana largo y no quiero pasármela trabajando por esto.

Cuando llegó periciales, el caso fue declarado como un suicidio, para alivio del jefe. Se había encontrado en la mano derecha una vara delgada, pero gruesa y con la punta aguda como si de una esta se tratase, manchada de sangre. Se determinó que estaba ahí pre-mortem.

La verdad era que el asesino serial también estaba muerto.

El miedo estaba enamorado del amor y había decidido suicidarse para ya no sentir más.

Cuando los finales trágicos son olvidados.

Sus cuentos tenían siempre finales trágicos. Ella los consideraba hermosos y hasta felices, sí, realmente se alegraba cuando los escribía y luego, leía. Los demás lo consideraban perverso, hasta insano, algo chiflado y por qué no, depresivo.

Siempre andaba con los audífonos puestos, excluyéndose por voluntad propia del mundo común y se transportaba a su espacio personal, a veces gris, a veces negro, nunca RGB.

Amaba la oscuridad, pero siempre tenía encendida una vela. Decía ella que porque le gustaba que la pequeña llama intentara alumbrar algo tan inmenso e imposible, pero que aún así, lo intentara. En el fondo, creo, era pirómana.

También era melodramática. Y exageraba un millón de veces querer ser normal, pero el brillo de la locura le perseguía e impregnaba su persona, desde el caminar por la calle cantando canciones en alemán, hasta el estar tumbada con las tortugas del lago junto a éste.

No comía frituras pero adoraba los postres y  bebía espresso doble sin azúcar. Muchas veces comía pastel de chocolate con joghurt de fresa, porque le encantaba el contraste de los sabores. Ah… también escribía joghurt con „j“, su letra favorita.

No tenía alergias, pero el Sol le escorcía la piel hasta sangrar.

Regresando a sus cuentos, encontraba la belleza en la muerte y la tragedia. Era imperturbable. Una vez se cortó el dedo al abrir un joghurt… El corte le produjo una extraña sensación, un cosquilleo que le agradó aunando a que brotó la sangre, su segunda bebida favorita después del agua de limón. Tomó el cuchillo y repitió los cortes en todos los dedos. Al día siguiente, mientras escribía, transmitió todo ese cosquilleo doloroso de cada vez que pulsaba una tecla en su cuento, el número 57 de su obra titulada „Morir 100 veces“ que mostraba las más diversas, curiosas y hasta excéntricas formas de encontrar el fin.

Un día, de esos que uno ni se imagina, encontró el amor. Fue lentamente, claro está. Y bueno, al final terminó enamorada. Pesaba un puño menos, pues había otorgado completamente su corazón.

Una noche, escuchó una canción y las lágrimas le brotaron inmediatamente. Ella, confundida, sólo sentía una opresión en su garganta y la dejo salir. Lloró quizá como media hora sin cesar. Esa misma madrugada escribió su cuento 99, donde la protagonista moría ahogada de llanto.

Pero el cuento número 100, fue tan normal, que rompía con toda la obra. Las palabras, sutiles, nada locas, ni oscuras, mucho menos trágicas, narraban la historia de dos personas que se amaban. El relato no tenía final en sí.

Y es que ella quería escribir ese final, por primera vez, sin ese „estilo“ de sus otras creaciones. El primer final feliz, que ni era final, porque uno no sabe cuándo se le va a acabar la vida. Comenzó a creer que, si el mundo se enamorara, sería un lugar mejor. Las personas lucharían por hacer las cosas bien, en vez de desear riquezas o poder.

Siguió su vida como cada día, caminando con los auriculares puestos y cantando en alemán, comiendo postres con joghurt de fresa, cortándose al abrirlo, cortándose los dedos, escribiendo con dolor, haciendo cuentos bizarros de finales extraños… Pero qué importaba. La historia que a ella le interesaba, era tan feliz, que necesitaba su „tragedia-ficción“ como ella la llamaba.

„El cielo es un lugar en la tierra contigo“. Y se acostó a dormir, aún con las lágrimas en los ojos por aquella canción, los dedos moratados de las  heridas, el pecho ligero sin corazón y un beso en la frente, imaginario, lejano, de palabras y entonces más real que cualquier cosa en el mundo.

3. Tal vez

3. Tal vez

Tal vez, y sólo tal vez, tú no seas para mi.

Una estrella se asomaba en el horizonte todo azul, como el cielo, de modo que éste parecía una extensión del mar. La joven caminaba junto al muelle, en la orilla y muy cerca del agua. En otros tiempos se habría sentido nerviosa, puesto que no sabía nadar, ni siquiera flotar. Pero a pesar de que su endeble figura era objeto de vaivén del viento, que amenazaba con arrojarla a las frías aguas, no se apartó de la orilla.

Sólo pensaba en lo feliz que se sintió cuando le conoció. Aunque no quería, se había enamorado. ¡Y de qué forma! Puesto que casi no le conocía y había sido más bien amor a primera vista. Pero el desengaño le dolió aún más.

Destinada a estar sola, se figuraba. Ella no era la estrella de nadie. Simplemente era una vela que se apagaba con su propia cera.

Esa mañana había cometido una pequeña locura. Le dejó un mensaje en el que expresaba todo su sentir. Pero no había recibido respuesta. Así que había salido a caminar un poco, algo arrepentida por ese impulso.

De repente, tropezó con una baldosa que sobresalía del suelo y el azote del viento contribuyó a que terminara de perder el equilibrio. Rodó a la orilla y cayó al mar.

Con desesperación, intentó patalear y mantenerse a flote, pero era imposible. No sabía cómo hacerlo y su desesperación no le permitía concentrarse.

Sintió pasar la vida frente a sus ojos. De hecho, así fue. Perdía la conciencia, pero su último pensamiento coherente fue “¿está sucediendo en realidad?”. Se dejó llevar, cerró los ojos y se hundió en el mar.

Abrió la boca para sacar el aire que tenía, que llegó a la superficie formando burbujas. Sus burbujas de vida. Los pulmones se le llenaron rápidamente de agua, su cuerpo pedía oxígeno y se retorcía en una muerte esperada. Tras unos minutos, el acto estaba consumado.

Días después, un cuerpo flotaba livianamente en las aguas del muelle. El golpe de las olas lo arrojaron hasta la orilla, donde unos marineros lo encontraron y lo sacaron a la superficie.

En su bandeja de entrada, ella tenía un mensaje importante. Él le respondía con amabilidad que se sentía halagado, pero que no podía corresponderle.

Tal vez no hubiera cambiado nada el que ella hubiera visto el mensaje, porque él nunca sería para ella. Y tal vez, sólo tal vez, ella sentiría un dolor semejante al agua llenándote los pulmones.

¿Por qué no?

Sucede, al menos una vez en la vida de todas las personas, el mirar hacia atrás y preguntarse un profundo y doloroso ¿Por qué?

¿Por qué murió? ¿Por qué me traicionó? ¿Por qué a mi?

No obstante, la pregunta que esa noche rondaba en la cabeza de la figura oculta entre las sombras, distaba mucho de la banal naturaleza humana.

¿Por qué no?

Tras horas esperando en la oscuridad, alguien cruzó la línea de su mirada. Un cuerpo cayó y ni una gota de sangre manchó el suelo.

El joven siguió su camino, aspirando el, para sí, dulce olor de la sangre.

Una sustancia llamada amor…

Oscuros son los sueños
y oscuras las miradas
penumbra es el pasado
evocado en los recuerdos
que se sumen tras intentos
fallidos de no hacer nada
¿Y qué es la nada, sin el algo?
Es sólo una emboscada.

Ven, acércate cauteloso
toca el pecho que arde
late, se arrebata y grita
¿Qué grita con tal necedad?
Que mecánico no es
y no se puede resetear.

Quien fuese nube
está disperso
quien fuese aire
está viciado;
quien fuese vida
está hoy muerto
quien fuese orgullo,
lo sigue siendo.

Sea pues mi triste sueño
alcanzado y marchito
por el maldito orgullo.
Estáte entonces
en tu reino quieto,
desierto, desolado
y también abandonado.
Pues ha sido el verdugo
tal egocentrismo
que acompaña, abandona
que ama y que odia.

No somos nada más
que ganas de ganar
intentos de demostrar
que el recuerdo efímero es
e ilusiones cosas que van
disolviéndose como la lluvia
que rebota en la ventana.

Oscura es la noche
oscura la vida
oscuro el momento
en que tu luz viva,
y hermoso el instante
en que vuestro corazón diga
“me rindo ante la falsedad,
el amor es una mentira”.
Al fin y al cabo sabemos
que lo sentimientos son sólo
reacciones químicas del cuerpo,
un estado de ánimo más,
sólo por el momento.

.

.

Vicereine Stfeir Ascensi

Arkham Trinity… El nuevo nombre de la perversa oscuridad

¿Les gusta Tool? ¿Les gusta Devil Doll? Bueno, en realidad son mis 2 más grandes influencias musicales para este proyecto, obscuro y desalineado; si bien no sigue las mismas fórmulas de esas bandas, se puede escuchar la gran admiracion que tengo hacia ellos. ¡¡¡Es un tributo a mi manera!!!! Esperen Arkham Trinity…

Tristan Daebonarch.

Así es. Éste es el proyecto musical del talentoso bajista Tristán Daebonarch (Anabantha), quién nos llevará en cada canción, al más profundo y hermoso abismo. Con influencias de grandes bandas como Tool y Devil Doll y de la literatura, como H.P Lovecraft, entre otros más, las rolas que compondrán este disco, estarán cargadas de una oscuridad total: aquella que hace vibrar nuestra alma.

Desde el primer acorde, la atmósfera de terror, frío y sombrío, penetrará nuestros oídos, cimbrará en nuestras cabezas y retorcerá nuestro corazón, pues será imposible dejar de deleitarse con cada composición.

Muy pronto: Arkham Trinity.

¿Te arriesgarás a enamorarte de la oscuridad?

Dejadme

Dejadme… Dejadme….
por favor… dejadme.
Que esta a punto de salir la persona
que tanto tiempo ha dormido…

dejadme por favor.

.
El sinsentir se apodera de mi alma
y mi nombre se transforma en apatía;
sabría siquiera qué es el dolor,
si experimentarlo esta noche pudiera.
.
Lo muerto nunca muere y yo condenada
a mi naturaleza renazco,
como fénix me desvanezco
en cada pluma roja de sangre empapada
de fuego que arde por mis venas

escurriendo mi vida plena

a la eterna fuente brillante

que se llevó mi sonrisa lejos.
.
Adagio mil veces cantado
hoy bajo la vista, cansada:
de mis vagas ilusiones
de los sueños rotos y opacos
de las metiras que salen de tu boca
que me llenan los oidos y matan mis esperanzas.
.
El odio… el odio…

quiza es tan poco
y es tanto que se neutraliza.
La apatia es el dolor mas grande
el no sentir ni la arruga de una sonrisa
hasta el fingir es vago y sin esfuerzo
simplemente converso
con el payaso macabro de mi dolor.
.
Ah… mis miedos y tragedias
Ay de mis frías revelaciones
Sólo sóis vos y yo quienes estamos…
.
¡Pero basta! Eres un pensamiento al fin y al cabo,
sola, solitaria; como estoy, estuve y he de estarlo
el eco de mi locura la voz de mis recuerdos
y la imagen que me reconforta.

Eres la cura de mis dolores,
panacea fantástica de mil colores
tu, mi adorado, mi inmortal que siempre apareces
y me haces pensar que mi mente es ágil,
o es frágilmente débil y loca
por escuchar tu voz tan real,
que no es mia tan audaz,
que no respondes lo que quiero escuchar
sino que eres algo tan distinto a mi…
alguien diferente como si fueres un ente
que vive dentro de mi cuerpo etéreo.
.
¿Quién eres? te pregunto de nuevo
por favor… ¿Quién eres?

que te necesito…

.
Dejadme… dejadme
dejadme… que escucho
su voz en susurro llamarme de nuevo
y dice “silencio”, solo eso quiero
silente, amante y sanguíneo amigo
nuestra conversación ha de empezar.

.

.

Fotografia  y poema  por: Vicereine Stfeir Ascensi