10. Cómo cortarse las venas de la manera correcta.

Cómo cortarse las venas de la manera correcta, leyó en letras azules; resultado de una búsqueda en google sobre anatomía.

Según esto, la gente suele cortarse de manera horizontal, que apenas corresponde a una parte de la vena y más de piel, pudiendo cicatrizar rápidamente.

“La manera correcta” es hacerlo verticalmente. Sí, de arriba pa’ bajo, ¿dolería, verdad? ¡Pues claro!

Y entonces recordó aquellas frías palabras: “Pensaba en acercarme a esa persona que te veía y deslizar mi navaja verticalmente por su espalda. La herida tardaría mucho en cerrar y daría el tiempo suficiente para que se desangrara”.

Suena el skype. Es esa persona.

–Eres un charlatán. –Dice googleadordeestupideces y le cuenta lo que ha encontrado.

–No te he engañado, bueno, sí. No lo hubiera hecho y tampoco se hubiera muerto. Pero tenía razón en la dirección del corte.

–Como sea. Apúrate, necesitamos más hielo.

20 minutos después se oye el timbre de la puerta y con un movimiento en seco se abre la puerta.

Sostienen el cuerpo que yace en el suelo y cortan la vena que corre a lo largo de la muñeca. Verticalmente. Luego de un rato, consiguen llenar un par de botellas con sangre.

–¡Joder!

–¿Qué pasa?

–Acabo de encontrar que es más rápido desde la arteria.

–No te preocupes. Ya habrá tiempo. La práctica hace al maestro.

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9. Escribe bien, por favor.

La conoció en una de esas redes sociales, donde todos tenemos una cuenta. Podría estado, incluso, a punto de sucederte a ti.

En la foto quería dar a entender más de lo que era y si bien, una imagen dice más que mil palabras, muchas veces una palabra dice más de ti que otra cosa.

Ella era la clásica chica que ScRbiIaääa hAzii.

Disculpen si ha sido ofensivo, pero de esta forma ella llamó su atención. Y luego, con una sencillez increíble, en parte por su virtud y en parte por la estupidez de ella, la conquistó.

La chica puso: aun no se k fue lo k me echizo de ti.  UnN angelitho0 me dijo0 q es unN pecado0 penZzar s0lo en t¡¡¡

Pasa el tiempo. La policía encuentra un cadáver. Había una nota.

Estaban matándome. ¿Por qué no habría de defenderme?

Atentamente: el lenguaje.

En un mundo correcto, todos habrían asentido. Cuestión de semántica.

8. Acróstico

 

Te miras un día al espejo, en el momento más sincero del día: justo después de despertar. Has olvidado el sueño que tuviste; algo así como una genial novela de suspense, pero que ahora no recuerdas.

Estás asustado. El miedo que le tienes ahora a la muerte supera exponencialmente esa vocecita que te dice: “Hey, todo estará bien”. Pero… ¿y si no lo está? Ya no te importa el dolor, ni siquiera la noticia que afectará a tu vida. Te preocupan las personas que amas, que vayan a sufrir.

Aún así, por algunos momentos lograr olvidar todo y haces tu día como si nada. El que busca encuentra, de modo que te resistes a buscar cualquier cosas que te pueda poner ansioso y bloqueas google. Miras su foto y comprendes cuánto te ha cambiado y de qué manera te ha convertido en una persona mejor.

Morir es un eufemismo. La verdad es más dolorosa. Pero el amor te ha salvado: ha limpiado tu corazón. Admites que aceptarías tu destino contento, si esa otra persona va a estar bien. Que no le has hecho ningún daño y que todavía puede ser feliz. Eso te conmueve hasta el borde de las lágrimas. No, ¡qué va!, lloras sin control.

Oyes el característico “bip” desde tu móvil, que indica que tienes notificaciones. Ahora que tienes el corazón entregado y has aprendido que el amor es el sentimiento más fuerte que puede existir, te miras al espejo con el alma renovada. Te llama desde la habitación y acudes. No pasará nada. No hay por qué temer ya. El amor, te ha salvado.

7. La frialdad que te congela el corazón

Estás ansiosa; esperas cada noche y cada mañana para poder encontrártelo a la hora de siempre en el lugar de siempre. A veces él llega tarde, a veces debe irse temprano. Otras, simplemente no puede llegar. De cualquier manera tú permaneces siempre ahí, a la orilla del bosque, esperando por él.

Llega el invierno y con él, la nieve. Tú habías estado esperando ese día por mucho tiempo: sólo quieres compartirlo con él. Tienes frío, pero cuando él llega y te abraza, extrañamente te sientes con más frío aún. Debe marcharse pero promete regresar… más tarde. Mucho más tarde. No sabes qué creer. No sabes qué sentir. Sólo asientes con la cabeza y te quedas ahí, reflexionando, mientras los copos de nieve comienzan a mezclarse con tu cabello, mojándolo y volviéndolo un lío.

Sabes que eres una intrusa en su vida, una persona relativamente nueva. Pero te duele. Hace frío y tus manos y rostro se vuelven azulados. Al poco tiempo las piernas se te entumen: deberías moverte, piensas. Tu mente te dice que te vayas a casa. Tu corazón te obliga a mantenerte en pie a pesar de la tormenta.

Cuando él vuelve, sólo para decirte que quiere volverse a ir, tu corazón apenas y late. Él no lo sabe, es más, ni siquiera nota que tu cara tiene lágrimas congeladas. Te mira pero tú no sabes qué ves realmente en sus ojos. No expresan nada. El corazón se te enfría, tu cuerpo cae hacia atrás y la nieve se deposita en la curvatura de tu rostro, especialmente en las cavidades oculares. Las lágrimas saladas se terminan de congelar en tu iris.

Si te hubieras ido, él te habría llamado, habrías acudido a él y, de todas formas, te habría congelado el corazón.