7. La frialdad que te congela el corazón

Estás ansiosa; esperas cada noche y cada mañana para poder encontrártelo a la hora de siempre en el lugar de siempre. A veces él llega tarde, a veces debe irse temprano. Otras, simplemente no puede llegar. De cualquier manera tú permaneces siempre ahí, a la orilla del bosque, esperando por él.

Llega el invierno y con él, la nieve. Tú habías estado esperando ese día por mucho tiempo: sólo quieres compartirlo con él. Tienes frío, pero cuando él llega y te abraza, extrañamente te sientes con más frío aún. Debe marcharse pero promete regresar… más tarde. Mucho más tarde. No sabes qué creer. No sabes qué sentir. Sólo asientes con la cabeza y te quedas ahí, reflexionando, mientras los copos de nieve comienzan a mezclarse con tu cabello, mojándolo y volviéndolo un lío.

Sabes que eres una intrusa en su vida, una persona relativamente nueva. Pero te duele. Hace frío y tus manos y rostro se vuelven azulados. Al poco tiempo las piernas se te entumen: deberías moverte, piensas. Tu mente te dice que te vayas a casa. Tu corazón te obliga a mantenerte en pie a pesar de la tormenta.

Cuando él vuelve, sólo para decirte que quiere volverse a ir, tu corazón apenas y late. Él no lo sabe, es más, ni siquiera nota que tu cara tiene lágrimas congeladas. Te mira pero tú no sabes qué ves realmente en sus ojos. No expresan nada. El corazón se te enfría, tu cuerpo cae hacia atrás y la nieve se deposita en la curvatura de tu rostro, especialmente en las cavidades oculares. Las lágrimas saladas se terminan de congelar en tu iris.

Si te hubieras ido, él te habría llamado, habrías acudido a él y, de todas formas, te habría congelado el corazón.

 

 

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6. Herzensbrecher

6. Herz Zerbrecher

-Oye, siente algo raro en el pecho, como una punzada…

-¡Qué va! ¿Sabías que es mentira eso de que el corazón duele?

-¿En serio?

-Japps, así es. Te dolerá alguna otra cosa, el bazo o algún músculo.

-El corazón es un músculo, genio.

-Sí, pero ya te dije que no duele…

Ella se despidió y pulsó el botón rojo para bajarse del camión. A pesar de lo que le había dicho su amigo, seguía teniendo esas “punzadas” pero se limitó a ignorarlas.

Ella tenía miedo, el más terrorífico de todos, una pesadilla en carne propia; le tenía miedo al amor.

Pensarán que es como tenerle miedo a un Chihuahua, que en su debido caso sí hay que temerles pues aunque son pequeños, muerden como pirañas. Como sea, le tenía miedo al amor y no al hecho de que la engañaran sino a terminar con el corazón roto.

Por ejemplo, ahora. Tenía a su lado a alguien maravilloso, alguien en quien confiaba en el tema de la fidelidad pero que por la misma razón de que era muy sincero, ella sabía que cuando él no quisiera nada más, se lo diría a ella con total tranquilidad. Le aterraba que eso sucediera de un día para otro, un

“Hola, ¿qué tal? ¿cómo va tu día? ¡Ah! ¿Sabes? Necesito decirte algo: ya no te quiero”.

Kaputt.

Le punzó lo que fuera que tuviese y se mordió los labios tratando de alejar esos pensamientos de su mente.

-¡Es ridículo, una total estupidez tenerle miedo al amor!

Conforme fue pasando el día, sus ideas se recrudecieron. Empezó a escuchar voces -sus voces- algunas clamaban atención a gritos, indicándole que disfrutara lo que tenía ahora. Otras reían. Algunas más le decían que fuera fría. Un alguien igual a ella pero con una apariencia bastante perversa, se posó a su lado.

-¡Hey! -Saludó.

-¿Quién eres?

-Hmm… Pero sí que me vas a romper el corazón -dijo con sarcasmo-. ¿No ves que soy igualita a ti?

-Yo no tengo el cabello plateado.

-No es plateado… es blanco, ciega.

-Y también tengo modales.

-Claro… En fin, no estoy aquí para ayudarte.

-¿Que no eres mi conciencia?

-No, tu conciencia es muy… inconsciente. Soy tu miedo.

-¡Vaya! Pues sí que asustas.

-Deberías verte en un espejo. -Sonrió el miedo.

-Bueno ¿qué quieres?

-Fácil: quiero librarme de ti. Es muy aburrido estar siempre contigo. ¿Miedo al amor? ¡Por favor! Hay muchas cosas horribles en el mundo: armas nucleares, el calentamiento global, artistas pop, payasos o arañas… ¿Pero el amor? De todas las personas que me pudieron haber tocado, eres la más ridícula.

Ella miró al miedo con desdén. Y siguió caminando hasta sentarse junto al lago, para alimentar a las tortugas. El miedo se apareció a su lado.

-Escucha… tengo la forma de conseguir que yo desaparezca. ¿Te interesa?

La chica le prestó atención entonces a su ángel mal hecho.

-¿Cómo puedo no tenerle miedo al amor?

El miedo sonrió, mostrando sus hileras de dientes afilados y puntiagudos.

-Observa, tengo esta … ehm… varita mágica, o como quieras llamarle, que sirve para abrir tu corazón.

-Eso suena bien… ¿Cómo funciona?

-Sólo debes llegar hasta tu corazón y abrirlo. Así, ya no sentirás miedo. Toma -Le dio el “instrumento”-.

Ella sintió un dolor agonizante. Pero veía en su pecho la luz de su corazón, que se desbordaba como un manantial de pureza.

-¡Lo estoy abriendo, lo estoy abriendo! -gritó ella.

-Chao. Loca.

La luz desapareció: se volvió líquida y roja.

El punto más brillante, del cual irradiaba toda esa materia, se hizo grande como un puño.

Su última mirada fue su corazón, destrozado, entre sus manos sangrientas.

Fue encontrada 20 minutos más tarde, unos niños que jugaban cerca descubrieron el cadáver de una chica, joven y no muy alta. Al parecer, alguien le había abierto el pecho y arrancado el corazón, para luego ponérselo en su mano izquierda.

-Tal vez tenemos frente a nosotros el caso de un asesino serial. -Comentó un oficial de policía, aficionado a los Krimis (Novelas criminales).

-Ah… -Suspiró con languidez el jefe-. Esperemos que venga perciales y haga el moviemiento. Y que digan que fue pasional. Mañana es feriado y el presidente ha declarado fin de semana largo y no quiero pasármela trabajando por esto.

Cuando llegó periciales, el caso fue declarado como un suicidio, para alivio del jefe. Se había encontrado en la mano derecha una vara delgada, pero gruesa y con la punta aguda como si de una esta se tratase, manchada de sangre. Se determinó que estaba ahí pre-mortem.

La verdad era que el asesino serial también estaba muerto.

El miedo estaba enamorado del amor y había decidido suicidarse para ya no sentir más.