El empate entre Francia y Uruguay es malo para México

Escrito por Alfredo Van Fanel:

Hubiera preferido una victoria francesa, porque? a continuación explico:
Las probabilidades son de que México pierda ante Francia y Uruguay le gane a Sudáfrica quedando el grupo: Francia 3, Uruguay 3, México 1 y Sudáfrica 1.
Para el tercer duelo México estaría obligado a ganarle a Uruguay pero de hacerlo no importaría lo que haga Francia con Sudáfrica, quedando la clasificación:
Francia 6, México 4, Uruguay 3 y Sudáfrica 1. avanzariamos en segundo lugar pero avanzariamos.
La situacón sería menos complicada por supuesto si México empata con Francia o saca un triunfo sorpresivo.

Sin embargo tras el empate entre europeos y uruguayos, todos quedaron con un punto:
Si México pierde ante Francia y Uruguay le gana a Sudáfrica el grupo tras los segundo duelos quedaría:
Francia 4, Uruguay 4. México 1 y Sudáfrica 1.
Esto obliga a México también a ganarle a los Uruguayos para alcanzar 4 puntos y depender de la diferencia de goleo, imagínenese: Francia 7, Uruguay 4, México 4 y Sudáfrica 1.
Que si Sudáfrica gana a Francia el grupo se empata a 4 puntos y todo dependerá del goleo o la suerte.

Sin duda alguna hubiera preferido el primer panorama, pues aunque es arriesgado depender de un triunfo ante los uruguayos, queda la ventaha de sacar un buen resultado ante Francia o esperar buenos resultados sudafricanos. en cualqueira de los casos la presión sería menor si al final de los primeros partidos tenemos un punto más que cualqueira de los dos favoritos.

Pues la clasificación a octavos puede definirse por un punto, la clave era ganar el primer partido, ahora todo se complica y mucho más con el empate del “grupo de la muerte”.

México: éste es tu triste bicentenario…

Mi querido México…

Historia de bronce.

Bicentenario vacío.

Centenario de nada.

Un 2010 donde “Vivir Mejor” es la condena para los intelectuales, universitarios, estudiantes, clase media y trabajadora, campesinos, pobres, pobres extremos, gays, lesbianas, mujeres, ancianos, niños, indígenas, liberales, artistas… Mexicanos!!!

Mexicano… Realmente ¿tenéis algo que celebrar?

Vicereine.

La siguiente reflexión fue escrita por:

@El niño íngrimo.

A la opinión Pública:

El mutismo abunda en mi habitación, es hoy un sábado como cualquiera.

Un silencio que disfruto, me llena, me conmociona; hoy es día de rumba, pero nada me satisface más en estos momentos que el no lidiar con tanto borracho estúpido, esa especie que encontramos por los antros de mi ya desquisiado puerto veracruzano, un puerto donde la belleza ha sido mermada y atenuada por ignorancia y burdez de mi gente.

¿Dónde queda la historia de un pueblo, la alegría de su gente, el sosiego, la hermandad? Hoy veo tanta perversión, desde el lenguaje hasta del mismo respeto humano. No sé a dónde vamos a parar en esta época del México decadente. Son tantos problemas que me aquejan… y la tristeza me invade al ver tanto vandalismo, tanta flojedad, un sistema educativo que aborrece y hace estudiantes que sólo sirven para memorizar; que no cuestionan ni indagan, que al parecer sólo gustan de aprenderse una historia digerida: no queda ni un rescoldo de curiosidad humana. Luego por qué el rezago de los jóvenes…

Formo parte de una generación apática y no me enorgullece serlo. Un México tan agringado, que ha adoptado sus malas costumbres, tal cual. Nos aqueja una sociedad de compradores compulsivos, un México acomplejado por marcas comerciales. Pronto, ya no tendremos el gustazo y regocijo de desayunar un platillo de blanquillos con frijolitos, almorzar el mole de la abuela sino que desayunaremos en Mcdonalds y nos comeremos una maruchan diaria. O decir de pretexto “Qué aburrido es escuchar María Bonita” porque estar en la onda es oir una canción malhecha de dos puertoriqueños, de letras vacías y misóginas… bazofia musical. Maldigo las modas.

Los valores existen, sí, pero se cotizan en la bolsa. El respeto y el sentido común es una debacle que, en vez de unirnos, hace que el cisma sea más evidente. Un país envidioso, donde no hay pauta para la competencia y cuando uno llega a base de esfuerzo, buscan el más ínfimo error para manchar el nombre del denuedo.

Sólo nos queda un equilibrio precario que nos hace vacilar en la adversidad…

El mutismo que abunda en mi habitación, hoy un sábado como cualquiera. Un silencio que disfruto, me llena, me conmociona, hoy es día de rumba, pero nada me satisface más en estos momentos el no lidiar con tanto borracho estúpido, esa especie que encontramos por los antros de mi ya desquisiado puerto veracruzano, un puerto donde la belleza ha sido mermada y atenuada por ignorancia y burdez de mi gente.
¿Dónde queda la historia de un pueblo, la alegría de su gente, el sosiego, la hermandad? Hoy veo, tanta perversión, desde el lenguaje hasta del mismo respeto humano, no sé, a dónde vamos aparar en esta época del México decadente. Son tantos problemas que me aquejan, y la tristeza me invade ver tanto vandalismo tanta flojedad, un sistema educativo que aborrece y hace un estudiante que sólo sirve para memorizar, no cuestiona, no indaga, parece que sólo le gusta memorizar, aprenderse una historia digerida, no queda ni un rescoldo de curiosidad humana, luego porque el rezago hacia los jóvenes. Formó parte de una generación apática, y no me enorgullece serlo, un México tan agringado, adoptando sus malas costumbres, tal es cuál, que nos aqueja ya una sociedad de compradores compulsivos, un México acomplejado por marcas comercialespronto, ya no tendremos el gustazo y el regocijo de desayunar un platillo de blanquillos con frijolitos, almorzar el mole de la abuela, ahora, desayunaremos en Mcdonalds y nos comeremos una maruchan diaria, o el pretexto de decir que aburrido es escuchar Maria Bonita y estar en la onda es oir una canción malhecha de dos puertoriqueños que hicieron unas letras ínfimas y misóginas, bazofia musical; maldigo las modas. Los valores existen, sí, pero se cotizan en la bolsa, el respeto y el sentido común, una debacle que en vez de unirnos, hace que el cisma sea más evidente, un país envidioso, donde no da pauta para la competencia, y cuando uno llega a base de esfuerzo, buscan el más ínfimo error para manchar el nombre del denuedo. Sólo nos queda un equilibrio precario que nos hace vacilar en la adversidad…