¿Quién apagará la luz?

Peña Nieto: cuando presentó la iniciativa de Reforma Energética

Reforma Energética. Peña Nieto, presentando la iniciativa el 12 de agosto de 2013. Foto: Presidencia de la República.

¿Quién apagará la luz?

Por: Violeta Santiago

(México) El título de este artículo de opinión es una triste referencia a El último que apague la luz, una obra que trata sobre la extinción del periodismo, escrita por Lluís Bassets, director adjunto de El País. Pero no hablaremos del periodismo en esta entrada, aunque sí de una extinción.

El 11 de diciembre de 2013, México despertó con una notica que debería conmocionar a la sociedad: el senado de la república aprobó la reforma energética con 95 votos a favor y 28 en contra. Un día antes, se aprobaba la “Ley de Manifestaciones Públicas”, que fue propuesta por el diputado panista Jorge Sotomayor Chávez. Al panorama se le puede sumar la reelección consecutiva de diputados y senadores; el alza del 60% al boleto del metro y el movimiento que se ha generado a partir de esto, como forma de protesta, conocido en las redes como #PosMeSalto.

El malestar en el país es general y no se necesita ser un experto en la materia para darse cuenta de ello. Y la sociedad protesta, sale a las calles, participa en el #CercoASanLázaro, se salta los barrotes del metro, escribe en twitter, escribe columnas, se indigna. Y ¿después? El enojo, el coraje, está presente. Sin embargo, como otros movimientos en México, estas acciones parecen estar condenadas al fracaso: durante la mañana #ReformaEnergética era tema del momento. Por la noche, ya había desaparecido de las tendencias en Twitter. Eso no significa que las personas hayan dejado de hablar de ello. Pero los que escriben furiosamente en las redes ya se han de haber ido a dormir o estarán viendo su serie favorita. No lo sé. Incluso, su humilde textoservidora, es una activista de clóset, que en muchas ocasiones ha salido a las calles, pero que no ha cambiado nada.

Se extingue la lucha, aunque pareciera existir. Es, en realidad, pabilosa. Leía entre los contactos de mi timeline que se tienen las condiciones históricas adecuadas. Pero la realidad, y con base en las observaciones prácticas que se hace de ella, parece dirigirse a un futuro incierto. Son —somos— 110 millones de mexicanos; si tan sólo un 10% pidiera un cambio, podría cambiar el curso del país. ¿Qué es lo que ocurre en México? ¿Tendrá razón Gonzalo Martré, como lo ha plasmado en su cuento de ciencia ficción “Los antiguos mexicanos a través de sus ruinas y vestigios”?

“La pasión central de los mexicanos era destruirse entre sí y acabar con su país, lo cual consiguieron exitosamente al correr de los años.”

No habrá cambios mientras la sociedad permanezca narcotizada y enajenada, mientras no se vuelva prioridad y tema de discusión en la familia, en la casa, con los amigos… vamos, una prioridad. No. Es un tema que muchos toman para intentar parecer intelectuales, para profundizar en una fiesta con unas copas encima, para ganar seguidores de twitter. Me molesta la inactividad, me molesto conmigo misma y desearía salir a las calles, pero tampoco sé qué hacer. Y quizá ese es el mismo sentimiento que inunda los corazones y los pensamientos de miles, hasta millones de mexicanos en este instante.

Apatía, negación y autodesprecio

Se vive en un país donde cada día ocurren hechos de sangre, tan macabros y violentos, pero a los que ya nos hemos acostumbrado. Tan sólo hoy en la mañana, en una ciudad ubicada en un estado con ‘luna de plata’, donde su máximo dirigente asegura que “no pasa nada”, se enfrentaron —de nuevo— en medio de la calle dos grupos, con un resultado de 3 muertos. Eso, en el argot periodístico, diríamos que no es noticia: ya no tiene novedad. Qué son 3, cuando han ocurrido 40. Una mención en redes y quizá un espacio en interiores o “sucesos” o como sea que el diario le designe a su sección de nota roja.

México, donde la clase baja se siente de media y la media, alta, cuando no sabe que para pertenecer a la clase alta (AB) debiera tener ingresos mayores a los 85 mil pesos mensuales y eso sólo lo logra el 7.2% de la población, mientras que la clase media alta (C+) es representada por el 14%, la clase media (C) es el 17.9%, la media baja (D+) el 35.8%, la clase baja o pobre (D) es el 18.3% y finalmente, el grupo denominado en “pobreza extrema” (E) representa el 6.7% de la población (IMAI, 2009). A propósito, ilustro  con una anécdota —curiosamente vivida el día en el que se escribió este artículo— ese trastorno que tienen algunos mexicanos por sentir que pertenecen a una clase mayor, cuando la realidad del país es dolorosamente diferente:

Después de comprar alimentos, tomé el autobús que me deja cerca de casa, como siempre y desde los últimos cuatro años he hecho; pagué, mostrando mi credencial de estudiante y ocupé mi lugar. Detrás de mí se sentaron dos jóvenes, un chico y una chica, en quienes no reparé hasta que escuché decir al muchacho (con un acento, un tanto fingido): “O sea, el camionero me preguntó que si estudiante. Ni que fuera pobre”. Había sido un día difícil, en el que se había aprobado, por un grupo de personas sin escrúpulos, la entrega de los recursos energéticos del país a particulares nacionales y extranjeros, sumado a una burocracia universitaria en trámites que ya deseaba terminar. Ganas no me faltaron de girarme y decirle: “Ser estudiante no es ser pobre. Pero con tus argumentos demuestras la pobreza de tu educación”. Sin embargo, no lo hice. Aunque tenía ganas de levantarme y anunciar, cual vendedora de metro capitalino, “Señoras y señores, les vengo manejando la venta más grande que ha tenido este país”. Los jóvenes siguieron hablando y, aunque aumenté el volumen de la música para no escucharlos, se colaron entre las notas de la canción que sonaba palabras como “Indio con machete y rifle”. Al final, cuando por fin podía descender de la unidad, les he mirado y, sin pretender juzgar a nadie, observé lo siguiente: el chico en cuestión mostraba rasgos autóctonos, visibles en la pigmentación de su piel, su cabello y sus ojos; la forma del cráneo, la nariz, los labios; la complexión del cuerpo y la estatura. Pero de su boca salieron las palabras más contradictorias que en mucho tiempo había escuchado.

Los mexicanos —no todos— tienden a preferir creer estar bien —de hecho, mejor— que a darse cuenta de que no lo están. Comúnmente escucho frases como “pero el PRI no es tan malo”, “pues me pidieron la credencial y como la señora de la colonia llegó y me contó sus propuestas, pues creí que este era el bueno”, “pero si PEMEX no se va a privatizar”, “a mí en qué me afecta, yo no soy petrolero”, “deberían ponerse a trabajar”.

En las primeras líneas explicaba a qué se refería el título de este espacio de opinión, que espero no dejar en el olvido. Extinción. Se extingue la oportunidad de hacer un cambio, se muere con la indiferencia, la apatía, la incredulidad, la negación; se acaba con el desprecio de unos sectores hacia otros: el último estudio del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) reveló que cerca del 40% de los mexicanos toleraría una limpieza social.

“Para algunos mexicanos la perfección misma estaba en el holocausto ecuménico.” Martré.

Materializar soluciones

Hace falta más que indignarse: hay que indignarse de verdad. No basta con generar tendencias en la red, hay que materializarlas. Aunque he de admitir, que cuando se escuchan personas como la de la anécdota o se observa la apatía que rodea  a tu entorno, las ganas se extinguen, pues nadie daría su vida, sus fuerzas, su integridad, por una nación “que no valía un cacahuate”.

Pero, vamos, que esto no es irreversible. Las leyes pueden volver a ser reformadas o derogadas. Al final, la soberanía reside en el pueblo y en él está, si deja reelegirse a los senadores (desde aquí, un ‘saludo’ a los 3 senadores de Veracruz que votaron sí a la #ReformaEnergética: @HectorYunes, @PepeYunes y @FYunesMarquez) que han dejado pasar las reformas y se permiten jugosos sueldos. Hay elecciones en 2015, pero sólo espero que en dos años no se le olvide al pueblo mexicano la traición de este día. Si el PRI vuelve a ser mayoría en dos años, si pueden más las tarjetas MONEX y las despensas con gorgojos, entonces se podría declarar extinta la capacidad de raciocinio del pueblo mexicano y habrá obtenido, para desgracia de todos sus habitantes, el maldito Gobierno que se viene mereciendo desde hace muchos años. Si tan sólo el pueblo entendiera que es él, el que tiene el poder, no estaría retrocediendo a un oscurantismo intelectual y, quizá, hasta literal: la luz, más cara; cuya última pregunta, despojada de toda esperanza   —cual puerta del averno— será: al final ¿quién apagará la luz?

Referencias

Martré, Gonzalo. (2002) “Los antiguos mexicanos a través de sus ruinas y vestigios”. En: Visiones periféricas. Link del cuento: http://axxon.com.ar/rev/159/c-159cuento12.htm

AMAI (2009) “Los niveles socioeconómicos y la distribución del gasto”. http://www.amai.org/NSE/NivelSocioeconomicoAMAI.pdf

Excélsior. (2013) “ONU: 49% toleraría la limpieza social”. http://www.excelsior.com.mx/nacional/2013/12/08/932596

Cuando tu MAC estropeada se parece a tu vida, parte 1.

And if somebody hurts you, I wanna fight
But my hands been broken, one too many times
So I’ll use my voice, I’ll be so fucking rude
Words they always win, but I know I’ll lose

And I’d sing a song, that’d be just ours
But I sang ‘em all to another heart
And I wanna cry I wanna learn to love
But all my tears have been used up

On another love, another love
All my tears have been used up

Esta historia es real. Y pueden verla desde el punto de vista que quieran. Quizá logren identificar la analogía de la parte tecnológica con la vida, quizá sólo lo vean como un manual para reparar su MAC, quizá sólo vean una historia más…

Empecemos.

Dice la graciosa e ingeniosa frase que en el mundo hay 10 personas: las que entienden binario y las que no. La verdad es que hay más ¿no? pero las personas tienden a definirse bajo ciertos parámetros. En el mundo de los ordenadores también hay diferentes sistemas (como personas), ya saben, los de toda la vida como Windows, Macintosh o Linux, sólo por mencionar los más conocidos, y dentro de ellos, aún más versiones: que si XP, Vista, Leopard, Lion… ustedes lo saben.

Bueno, resulta que un jueves por la noche mi MAC se estropeó. Recién había actualizado de Snow Leopard a Mavericks, pero esa noche varios programas comenzaron a colgarse, algo que no sucedía antes, así que la apagué y al día siguiente no pude volver entrar al sistema. Prendía y dejaba cargando la pantalla blanca. Ni qué decir que ni siquiera podía entrar en el ‘modo seguro’. Así que la llevé al soporte técnico, en donde checaron el disco duro —el cual estaba bien— así que el problema había sido un error en la actualización a Mavericks. Y como no había hecho una copia de seguridad antes de la instalación, la ‘solución’ fue simple y drástica: reinstalar el SO.

No quería perder —no todos— mis archivos, aunque la idea de borrar ciertos archivos del pasado resultaba tentador. Hasta como si fuera destino ¿no? Era como en Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, sólo que en esta situación tenía la posibilidad de eliminar, para siempre, algunos recuerdos que de otra forma, no sería capaz de hacerlo.

El chico de sistema técnico, tras comprobar el funcionamiento de mi disco duro, procedió a bootear desde un disco externo, en el cual estaba instalada una versión de Mavericks. Entró con cuenta propia y todo y ahí, sí, ahí en el escritorio figuraba mi disco duro y ¡oh, sorpresa! se podía acceder a él y extraer archivos. Sólo que aquí la susodicha no traía, y hasta con suerte, más que una memoria de 8 gigas. Fue el momento de decidir qué salvar: la tesis, los archivos de movilidad de mi año académico en Alemania, archivos de mi facultad, mis libros y un par de carpetas de fotos de un viaje de mochilazo de julio de 2013. Aunque suene absurdo, es increíble cómo una parte de tu vida se reduce a 8 gigas. ¿Que por qué la vida? Bien, todo (TODO) lo que he hecho éstos últimos cuatro años estaba guardado ahí y sólo ahí: miles de fotos (e imagínense, siendo fotógrafa, 50 gigas eran sólo de fotos), vídeos, ideas, historias, poemas, frases, recuerdos; cosas que nunca serán, cosas que apenas están en proceso, cosas que había que guardar…

Digamos que hay usuarios Windows que a veces se aventuran al sistema de la manzana, y éste es bueno, de hecho, buenísimo. Aunque también tiene muchos detractores; o lo amas, o lo odias. Lo curioso es que, aún los que dicen no quererlo, dentro de sí desearían tener uno. Algunas personas son así, como las MAC: muy complejas por dentro, pero simples y hermosas por fuera; sin adornos, pero funcionales; a veces reacias a ciertas aplicaciones basura, pero sacan lo máximo de lo que tienen a su alcance; tiene sus lineamientos y formatos, pero acepta con gusto a los otros; hace sus propias ideas, no la que otros crean para ellos; son delicadas y, a su vez, fuertes; y aunque no sucumben a los males que otras personas sí, tampoco son infalibles. También se equivocan, cometen errores, se cansan, se ‘reinician’, dejan de funcionar en algunos aspectos… Nada ni nadie es perfecto.

Regresé a casa con la computadora apagada. Ese fin de semana debía estar fuera, así que tuve que dejar la solución para el lunes, pues en el servicio técnico me habían dicho que podía acudir a sacar más archivos.

Llega el lunes y me acompañaba una chica de intercambio muy amable, quien me prestaría su computadora y disco duro, si funcionaba, para guardar mis archivos. Tras una hora de hacer fila para pasar con el técnico, que ese día era otra persona, y tener que explicarle de nuevo cuál era el problema, me dio —con algo de mala gana— el disco duro externo para acceder al mío y me dijo: “Tienes hasta las dos de la tarde para sacar tus archivos y sólo la memoria de 16”. Esos 16 GB se demoraron horas y al final, terminé como antes: sin mucho que rescatar.

Pero, no me daría por vencida.

Y a esa idea me aferré, casi sin esperanza y sin saber cómo, pero sólo creyendo. Alguna vez atrás pedí a alguien que hiciera un ‘salto de fe’ por mí, aunque no lo hizo. Ahora yo debía efectuar lo que alguna vez había pedido y, en lugar de resignarme, seguí buscando formas de rescatar algo que, aunque una parte —cobarde— de mí quería perder, el corazón no me dejaba simplemente perder.

Yo soy como esa MAC. También tuve errores, también se modificaron en mí ciertos ‘archivos’ que ya no me dejaban continuar correctamente. Estaba llena de cosas que no necesitaba y me faltaban otras tantas. Pero era incondicional. Pero así, de la noche a la mañana, el sistema se corrompió, como a veces sucede con las personas, y las cosas dejaron de funcionar. Y el usuario, Windows aventurado en MAC, de todas las opciones eligió la más fácil: dejarlo. ¿Por qué? Realmente no sé. Supongo que miedo, incertidumbre. Supongo que creer que dejando ese sistema tan bueno, pero complicado, dejaría de tener dolores de cabeza, sin saber que no se le puede echar la culpa de la propia infelicidad y problemas a los demás: el único responsable es uno mismo y a donde vaya, con el sistema que sea y en cualquier plataforma, problemas siempre habrá y es su forma de manejarlos y solucionarlos lo que crea su propio estrés.

Y así, con ese veredicto, nos quedamos Altair (mi Mac Book blanca) y yo con el corazón —porque el sistema es como uno— corrupto, bloqueado y con ganas de borrar todo (si es que tan sólo eso fuera posible para nosotros) y volver a iniciar desde cero. Bien, ese habría sido nuestro destino. Pero como ya lo he dicho, no suelo tomar decisiones normales ni actuar como las personas comunes.

Entonces surgió una esperanza. Pero, eso ya se los contaré en el siguiente post.

.

A esta primera parte le he colocado la canción de “Another love” de Tom Odell, porque expresa precisamente el sentir que he expresado en estas líneas.

De hecho, les dejo dos clips de la misma canción del canal de Odell, ambos están muy bien realizados y son geniales.

 

Poema #2: Todos somos Demian alguna vez

Todos somos Demian alguna vez

 

Estoy cansada del miedo

y de los hombres con miedo,

de luchar

y de los hombres que no luchan;

de ser libre, en una esfera de cristal,

un copo de nieve único;

por fuera, igual a los demás.

 

¡Hay que romper el cascarón!

Y exiliar viejos recuerdos

al compás de la razón

y del profundo firmamento.

 

¡Hay que romper el cascarón!

Antes de que el fénix se consuma

y se zambulla a la laguna,

donde no ha de regresar.

 

Cerciórome de no carcomer esperanzas,

asegúrome de ser fiel a mis ideas,

de romper esas cadenas

de cinismo e ilusión,

de lo que fue y ya no es hoy,

de lo que es hoy y nunca será.

 

Apaga, con cuidado, la última chispa

¡Hay que romper el cascarón!

Dejar atrás el mundo, un huevo,

que aísla el vacío, un vacío de color.

 

Porque hay más fuera de mí,

que dentro;

y más dentro, que en el universo.

Éste existe cuando sueño, sólo así

y detiene su expansión cuando despierto.

 

El mundo es una ilusión que no muere:

se mantiene por los sueños colectivos.

El hombre se marcha, el mundo, qué…

Gira, se contrae y vuelve a nacer.

 

¿No somos, sino un mundo en creación?

El universo soy yo…

¡Hay que romper el cascarón!

¡Hay que romper el cascarón!

Antes de que se rompa en mi interior…

 

We are all Demian sometimes

I’m tired of fear

and the men with fear,

to fight,

an the men who don’t fight;

to be free in a glass sphere,

a snowflake unique,

out, like everyone else.

 

We must break the shell!

And exiling old memories

at the compass of reason

and the deep sky.

 

We must break the shell!

Before that the phoenix is consumed

and dive into the lagoon

where he won’t never return

 

I make sure not eat away at hope

I promise to be loyal to my ideals,

to break these chains

of  cyniscim and illusion

what it was and its no longer today,

what today is and will never be.

 

Turn off, carefully, the last spark

We must break the shell!

Leave behind the world, an egg

isolating the vacuum, a vacuum of color.

 

Because there is more out of me,

that inside;

an more into than in the universe.

It exists only when I dream

and stops its expansion when awake.

 

The world is a illusion, that don’t die

is maintained by the collective dreams

The man is gone, the world stays

spin, shirnks and born again.

 

Aren’t we, but a world in creation?

The universe is me…

We musst break the shell!

We musst break the shell!

Before it breaks in me.

 

Te odio, porque me dejaste con los lobos

vio roter

 

 

Llegué a odiar

esa parte de tu ser,

que no dejaba de temer

y no se permitía

la valentía de

sólo soñar, sin preguntar.

 

Era mirar,

una llama sin calor,

pabiloso y frío, 

como lluvia de otoño,

que arrebata sin piedad

lo que flor fue un día.

 

El anhelo

consumía mi interior,

la ansiedad ¡oh, demonio!

hizo desangrarme,

hasta borrar todo lo que fui

otrora fuerza, debilidad.

 

Y aún en el misterio 

y el dolor,

llegué a confiar, sería sólo

un episodio de ansiedad…

¡Oh, fue fatal! 

siempre escucharía:

 

“¿Y si hoy el cielo no es azul?”

Haz foto en blanco y negro;

“¿Y si no seré quien quiero ser?”

Aguarda y mira;

“¿Y si algo hay dentro de mi ser?”

 Todo está bien…

“¿Y si esto ya no puede ser?”

¿Por qué no es cierto?

 

Odio…

 

Temí. No supe responder

como debí hacer,

ni terminé por entender.

Hice de un corazón tan rojo

y lleno pasión,

una manzana, que se marchitó.

 

Ahora vago

por la senda del ayer,

pero diré: lo lograré.

Y sigo firme

en la instancia de creer,

sin cuestionar que pasaría

 

Si mañana el cielo no es azul

(haz foto en blanco y negro).

Si no seré quien quiero ser

(aguarda y mira).

Si algo hay dentro de mi ser

(todo está bien).

Si esto ya no puede ser

(¿Por qué no es cierto?).

 

“¿Y si no logro lo que anhelo?”

¡No es tu anhelo!

“¿Y si alguien más opinará?”

Que hablen solos…

“¿Y si no me gusta este final?”

Haz tu destino

“¿Y si sólo hay oscuridad?”

Brillan más estrellas…

 

¿Y si dejamos de preguntar?

Y soñamos juntos

¿Y si dejamos de culpar?

Y nos miramos

Y si entendieras, fácil no es,

ser esa otra parte,

que ve, calla y recibe,

pero ya no quiere más miedo…

 

Odio el miedo…

 

Miedo

Miedo

Liebe

Das ist der Moment wenn du weißt, alles ist verloren. Und du kannst es einfach nur nicht glauben.

Und alles ist als ob du immer geträumt hättest, ein langer langer Traumt und nicht mehr.

Leute sagen immer viele Dinge. Manchmal Mneschen glauben sie haben alles Recht. Aber es gibt immer eine Ausnahme auf der Welt. Aber ich hab meine nicht gefunden und ich bin verloren und ich habe Angst.

Aber ich kann auch nichts mehr machen, nur bleiben in mir die dunkelsten Gedanken und das Stolz druck mich. Und das ist alles was ich habe. Es ist ein Neustart.

Ich wollte am Wenigsten ein bisschen etwas fühlen aber es ist alles kalt. Doch. Es tut weh. Es tut weh aber in der gleichen Zeit das heil mich. Ich bin nicht sicher was wird kommen. Ich weiß nicht was morgen tun will. Ich muss sagen, ich will wirklich nichts tun. Nur zu liegen, zu schlafen… eine Anwandlung auf etwas oder auf nichts. Zu schiwimmen gehen ohne zu wissen nur um zu sehen was ist Leben.

Ich zerfalle ohne stopp. Aber ich werde es finden, oh Gott! Oder ich werde in den Schattens noch Mal sein und meine Seele des Lichts aufräumen.

Vielleicht ich übertreibe, aber in meine Traumen ist so gut das Chaos zu fühlen und es zu lassen… Alles lassen! Alles lassen!! Weil ich nichts habe. Weil ich allein war und werde. Weil Liebe ist eine große Lüge, die Films uns verkauft haben. Weil Leute nur Fleisch und nicht Seele suchen.

Ich kämpfe noch gegen der Welt. Aber ich kann es nicht mehr. Dann, ich werde jetzt bei meiner Welt sein so lange ich kann. Und dann, wenn ich es zerstört habe, werde ich als ein Gestalt mehr in Dunkelheit verschwinden.

Man sagt, der Phöenix kann immer noch Fliegen und Leben. Aber ein Phöenix ohne Herz, ich meine, das Herz gestohlen und zerstört, wird einfach in seine Aschen verbrennen.

Und das Blut läuft noch in meinen Adern, die sich mich gerade erinnern: du bist hier. Und jeder Herzschlägt tut weh. Keine Hoffnung. Keine Liebe. So eine Scheiße… Leute musste nicht verlieben.

Ich musste es nicht. Ich hab mich jetzt verloren. Was kann ich dann machen?! Machen die Augen zu und küsst das Wind und dass das meine Küssen so weit bringen um sie nie zurück zu kommen können.

Na… Liebe ist wirklich. Das Problem ist, Leute sagen es ohne es wirklich zu haben.

10. Cómo cortarse las venas de la manera correcta.

Cómo cortarse las venas de la manera correcta, leyó en letras azules; resultado de una búsqueda en google sobre anatomía.

Según esto, la gente suele cortarse de manera horizontal, que apenas corresponde a una parte de la vena y más de piel, pudiendo cicatrizar rápidamente.

“La manera correcta” es hacerlo verticalmente. Sí, de arriba pa’ bajo, ¿dolería, verdad? ¡Pues claro!

Y entonces recordó aquellas frías palabras: “Pensaba en acercarme a esa persona que te veía y deslizar mi navaja verticalmente por su espalda. La herida tardaría mucho en cerrar y daría el tiempo suficiente para que se desangrara”.

Suena el skype. Es esa persona.

–Eres un charlatán. –Dice googleadordeestupideces y le cuenta lo que ha encontrado.

–No te he engañado, bueno, sí. No lo hubiera hecho y tampoco se hubiera muerto. Pero tenía razón en la dirección del corte.

–Como sea. Apúrate, necesitamos más hielo.

20 minutos después se oye el timbre de la puerta y con un movimiento en seco se abre la puerta.

Sostienen el cuerpo que yace en el suelo y cortan la vena que corre a lo largo de la muñeca. Verticalmente. Luego de un rato, consiguen llenar un par de botellas con sangre.

–¡Joder!

–¿Qué pasa?

–Acabo de encontrar que es más rápido desde la arteria.

–No te preocupes. Ya habrá tiempo. La práctica hace al maestro.

9. Escribe bien, por favor.

La conoció en una de esas redes sociales, donde todos tenemos una cuenta. Podría estado, incluso, a punto de sucederte a ti.

En la foto quería dar a entender más de lo que era y si bien, una imagen dice más que mil palabras, muchas veces una palabra dice más de ti que otra cosa.

Ella era la clásica chica que ScRbiIaääa hAzii.

Disculpen si ha sido ofensivo, pero de esta forma ella llamó su atención. Y luego, con una sencillez increíble, en parte por su virtud y en parte por la estupidez de ella, la conquistó.

La chica puso: aun no se k fue lo k me echizo de ti.  UnN angelitho0 me dijo0 q es unN pecado0 penZzar s0lo en t¡¡¡

Pasa el tiempo. La policía encuentra un cadáver. Había una nota.

Estaban matándome. ¿Por qué no habría de defenderme?

Atentamente: el lenguaje.

En un mundo correcto, todos habrían asentido. Cuestión de semántica.

8. Acróstico

 

Te miras un día al espejo, en el momento más sincero del día: justo después de despertar. Has olvidado el sueño que tuviste; algo así como una genial novela de suspense, pero que ahora no recuerdas.

Estás asustado. El miedo que le tienes ahora a la muerte supera exponencialmente esa vocecita que te dice: “Hey, todo estará bien”. Pero… ¿y si no lo está? Ya no te importa el dolor, ni siquiera la noticia que afectará a tu vida. Te preocupan las personas que amas, que vayan a sufrir.

Aún así, por algunos momentos lograr olvidar todo y haces tu día como si nada. El que busca encuentra, de modo que te resistes a buscar cualquier cosas que te pueda poner ansioso y bloqueas google. Miras su foto y comprendes cuánto te ha cambiado y de qué manera te ha convertido en una persona mejor.

Morir es un eufemismo. La verdad es más dolorosa. Pero el amor te ha salvado: ha limpiado tu corazón. Admites que aceptarías tu destino contento, si esa otra persona va a estar bien. Que no le has hecho ningún daño y que todavía puede ser feliz. Eso te conmueve hasta el borde de las lágrimas. No, ¡qué va!, lloras sin control.

Oyes el característico “bip” desde tu móvil, que indica que tienes notificaciones. Ahora que tienes el corazón entregado y has aprendido que el amor es el sentimiento más fuerte que puede existir, te miras al espejo con el alma renovada. Te llama desde la habitación y acudes. No pasará nada. No hay por qué temer ya. El amor, te ha salvado.

Cuando no deberías amar demasiado.

8- Cuando no deberías amar demasiado.

Había cambiado el fondo de pantalla con una foto de él por una de Mario Gómez sonriendo. Pero ni eso le hacía feliz.

Por la noche, cuando se subió al autobús después del trabajo, se sinitó como en la feria. Las luces de neón azul iluminaban los asientos y en el frente relucián planetas de plástico fluorescentes. También resonaba una estrambótica música grupera. Parecía a aquel juego de asientos que giraban y se bamboleaban al ritmo de la música, para culminar de reversa y, de vez en cuando, preocuparte de que se rompiera el endeble seguro y te mataras. No había mucho diferencia: el conductor se sentó hasta atrás y esperó a que el juego, perdón, autobús, se llenara, dando los boletos de mano en mano a sus víctimas alias pasajeros. Cuando por fin estuvo lleno, arrancó, haciéndote creer que en una de esas saldrías disparado por la ventana.

Ella se sentó casi hasta atrás. Le subió el volumen al máximo a “Fade” de Theatre of Tragedy en parte para acallar sus demonios internos y la canción ranchera que retumbaba en las bocinas.

De repente cayó una canción que le recordaba a él.

Y así, en ese extraño camión-juego lloró, de aquella forma que no necesitas ni apretar la nariz para que las lágrimas se escurran naturalmente. Probablemente sea la forma más sincera de llorar. Probablemente sea también la más profnda y dolorosa.

Porque sólo el miedo a perder lo que más amas, te hace temblar hasta el último rincón de tu cuerpo.

Y entonces ella lloró. Pensando en él. Y que Mario Gómez se veía especialmente ridículo a su lado. Pues cuando amas a alguien…

*Inserte su frase aquí*.

7. La frialdad que te congela el corazón

Estás ansiosa; esperas cada noche y cada mañana para poder encontrártelo a la hora de siempre en el lugar de siempre. A veces él llega tarde, a veces debe irse temprano. Otras, simplemente no puede llegar. De cualquier manera tú permaneces siempre ahí, a la orilla del bosque, esperando por él.

Llega el invierno y con él, la nieve. Tú habías estado esperando ese día por mucho tiempo: sólo quieres compartirlo con él. Tienes frío, pero cuando él llega y te abraza, extrañamente te sientes con más frío aún. Debe marcharse pero promete regresar… más tarde. Mucho más tarde. No sabes qué creer. No sabes qué sentir. Sólo asientes con la cabeza y te quedas ahí, reflexionando, mientras los copos de nieve comienzan a mezclarse con tu cabello, mojándolo y volviéndolo un lío.

Sabes que eres una intrusa en su vida, una persona relativamente nueva. Pero te duele. Hace frío y tus manos y rostro se vuelven azulados. Al poco tiempo las piernas se te entumen: deberías moverte, piensas. Tu mente te dice que te vayas a casa. Tu corazón te obliga a mantenerte en pie a pesar de la tormenta.

Cuando él vuelve, sólo para decirte que quiere volverse a ir, tu corazón apenas y late. Él no lo sabe, es más, ni siquiera nota que tu cara tiene lágrimas congeladas. Te mira pero tú no sabes qué ves realmente en sus ojos. No expresan nada. El corazón se te enfría, tu cuerpo cae hacia atrás y la nieve se deposita en la curvatura de tu rostro, especialmente en las cavidades oculares. Las lágrimas saladas se terminan de congelar en tu iris.

Si te hubieras ido, él te habría llamado, habrías acudido a él y, de todas formas, te habría congelado el corazón.