El hombre que caminó bajo la lluvia y no volvió a ser joven

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Era una tarde cualquiera en el puerto y, como cualquier tarde, la gente salía a ‘dar la vuelta’ al bulevar Ávila Camacho, a comer una nieve o simplemente sentarse junto al mar. Y, como también sucede siempre en Veracruz, las personas apenas toman precaución del clima, quizá hasta que ya tienen el ‘norte’ encima o cuando con 17º C ya salen con chamarras, abrigos, bufanda, guantes y botas.  Fuera de eso, siempre es verano y hace un calor de los mil demonios.

El hombre —un hombre normal— salió a disfrutar de una tranquila tarde, meditando lo que había hecho de su vida, lo que había dejado de hacer o lo que había dejado ir. A cierta hora, tras haber observado la luna roja de octubre —la más hermosa, dicen— reflejarse en el mar, se incorporó y se dispuso a caminar hasta el centro, para ahí, tomar su respectivo camión.

La lluvia se desató, así, de la nada. Si bien, las nubes ya habían amenazado al puerto toda la tarde, la conjunción soleado-nublado-soleado daba la impresión de que no fuera a suceder nada más. Y la lluvia que cayó no era una pequeña brisa fresca y fina, era un aluvión de gotas pesadas, gordas, que hasta dolían al chocar contra el rostro de los transeúntes y, además, fría.

El hombre no se inmutó ante la lluvia y siguió su camino, disfrutándola. Caminó con la cabeza erguida y se dejó mojar el cabello, la nariz, los párpados, hasta saborear la insípida lluvia de octubre. Sólo guardó su sombrero de papel —según la etiqueta, 100% papel— aunque, al parecer, no se desharía. Notó, con diversión, cómo sus manos se arrugaban por causa del agua, como cuando se permanece largo tiempo en una piscina o bajo la regadera.

El chaparrón cesó; el hombre, aguardó. Las calles, que se habían encharcado rápidamente, volvieron a la normalidad. Veracruz, parecía, regresaba a su tropical naturalidad. Pero las arrugas del hombre no desaparecieron nunca. Se había vuelto viejo en el camino; la lluvia de la experiencia y la vida había surcado su piel. Y ahora su mirada era más profunda y su corazón, más fuerte.

Liebe

Das ist der Moment wenn du weißt, alles ist verloren. Und du kannst es einfach nur nicht glauben.

Und alles ist als ob du immer geträumt hättest, ein langer langer Traumt und nicht mehr.

Leute sagen immer viele Dinge. Manchmal Mneschen glauben sie haben alles Recht. Aber es gibt immer eine Ausnahme auf der Welt. Aber ich hab meine nicht gefunden und ich bin verloren und ich habe Angst.

Aber ich kann auch nichts mehr machen, nur bleiben in mir die dunkelsten Gedanken und das Stolz druck mich. Und das ist alles was ich habe. Es ist ein Neustart.

Ich wollte am Wenigsten ein bisschen etwas fühlen aber es ist alles kalt. Doch. Es tut weh. Es tut weh aber in der gleichen Zeit das heil mich. Ich bin nicht sicher was wird kommen. Ich weiß nicht was morgen tun will. Ich muss sagen, ich will wirklich nichts tun. Nur zu liegen, zu schlafen… eine Anwandlung auf etwas oder auf nichts. Zu schiwimmen gehen ohne zu wissen nur um zu sehen was ist Leben.

Ich zerfalle ohne stopp. Aber ich werde es finden, oh Gott! Oder ich werde in den Schattens noch Mal sein und meine Seele des Lichts aufräumen.

Vielleicht ich übertreibe, aber in meine Traumen ist so gut das Chaos zu fühlen und es zu lassen… Alles lassen! Alles lassen!! Weil ich nichts habe. Weil ich allein war und werde. Weil Liebe ist eine große Lüge, die Films uns verkauft haben. Weil Leute nur Fleisch und nicht Seele suchen.

Ich kämpfe noch gegen der Welt. Aber ich kann es nicht mehr. Dann, ich werde jetzt bei meiner Welt sein so lange ich kann. Und dann, wenn ich es zerstört habe, werde ich als ein Gestalt mehr in Dunkelheit verschwinden.

Man sagt, der Phöenix kann immer noch Fliegen und Leben. Aber ein Phöenix ohne Herz, ich meine, das Herz gestohlen und zerstört, wird einfach in seine Aschen verbrennen.

Und das Blut läuft noch in meinen Adern, die sich mich gerade erinnern: du bist hier. Und jeder Herzschlägt tut weh. Keine Hoffnung. Keine Liebe. So eine Scheiße… Leute musste nicht verlieben.

Ich musste es nicht. Ich hab mich jetzt verloren. Was kann ich dann machen?! Machen die Augen zu und küsst das Wind und dass das meine Küssen so weit bringen um sie nie zurück zu kommen können.

Na… Liebe ist wirklich. Das Problem ist, Leute sagen es ohne es wirklich zu haben.

Twitcrush

Aprendí a leer su estado de ánimo en 140 caracteres. Con el tiempo, conocía todo su guardaropa de la cintura para arriba y hasta había elegido ya las prendas que más me gustaban de él.

Compartíamos música, tweets, cuestiones filosóficas, tonterías de la vida. Era mi twitcrush. Sí, aunque no lo crean, uno (en contextos bastante curiosos) puede llegar a “enamorarse” de alguien de manera electrónica.

Hablábamos en alemán: el era de Austria, mi antítesis de todo lo que debía ser “alemán”: mucho café (fuerte), panes, cosas dulces… nada de fut.

Nos acoplábamos para twittear, a pesar de las 7 horas de diferencia que llevábamos, pero cada quién tenía en su iPod el reloj del otro. De tantas demostraciones de cariño twittero, mis otros followers sabían para quién eran mis mensajes de amor sin mención.

Mi crush era bastante tierno. Aprendí muchas de las dulces palabras que ahora sé a través de mensajitos. Yo, por mi lado, le tomaba foto a todo lo que hacía en el día para compartirlo con él. Una vez, después de algún tiempo, le dio fav a un par de fotos mías, confesándome que eran las que más le gustaban.

Llegó un momento en el que nos decíamos cosas como “si tú estás feliz, yo estoy feliz”. Y entonces, como si se tratase de una relación en vivo y en directo, me vino la pregunta de: ¿qué se supone que somos / sentimos?

Él era tímido. Muy lindo y detallista, pero cerrado con la expresión concreta de sentimientos. Uno de esos “buenas noches para ti, buenos días para mi” recibí un “ich mag dich”. Mi corazón saltó. Se volvió a arrugar cuando noté que tal frase sólo significaba algo así como “me agradas”.

Pasaron los días y éstos se hicieron meses. Nunca había oído su voz, ni visto una foto de cuerpo completo de él. Jugaba a imaginármelo. Una tarde hablábamos de la felicidad y terminó diciéndome que le gustaría estar en México, conmigo.

Entonces me llegó una gran noticia: yo viajaría a Alemania. Él prometió que me visitaría. Nunca fue, por “x” o “y” razón (tiempo, ocupaciones familiares, trabajo, estudio). Le mandé café por su cumpleaños, el mejor de México y nunca me comentó si le había gustado o no. Yo ya le había confesado, para ese entonces, que me gustaba más allá de una amistad. Él contestó que “era lindo de mi parte” y en general que le agradaba. Nada más. Ni un sí o no. Creí entonces que, en español mexicano, me había bateado de una manera dulce, para no herir mis sentimientos o algo así. Pensé que quizá por eso no me había ido a visitar a Alemania.

Esa semana, conocí a alguien que me cambió la vida. Yo no quería enamorame ni iba con esa intención, en parte por mi crush, en parte porque no creí encontrar a nadie que me gustara tanto o más. Logró hacer que lo extrañara toda una semana y cuando regresó apenas y nos separamos. Comenzamos una relación entonces, aunque yo debía regresar a México.

Tras 8 meses, mi crush, quien ya estaba enterado de mi relación e incluso le había contado un par de cosas de él, me saludó. Tenía tiempo que no nos escribíamos. Habíamos skypeado sólo una vez y me volvió a prometer que, esta vez que regresara a Alemania, ahora sí me iría a visitar. Recuerdo que le conté toda la historia hasta ese entonces a mi novio, el cual saltó y admitió estar un poco celoso y me dijo que seguro él (el otro) sentía algo por mi. Para mis adentros me dije “no”. No, porque le había expresado mis sentimientos y me había rechazado. No, porque cada vez que le preguntaba qué sentía me decía que le agradaba y era linda. Y nada más.

Y así, 427 días desde el primer tweet, comenzamos una conversación por DM de twitter, con el tema de que él tenía una nueva cuenta. Otrora twitteradicto, apenas y escribía en la semana. Se me ocurrió decirle (porque ya no tenía nada que perder) así, directamente, que había estado (en pasado simple alemán) enamorada de él, no sin antes reclamarle por qué no había escrito en tanto tiempo. Me dijo que a pesar de no estar ahí, no se olvidaba de mi. Entonces contesté que la situación era ahora rara para mi y ¡zas! lo solté. “Estaba enamorada de ti”.

Como siempre me respondió de forma que no entendí si era un “yo no” o un “yo también”. Entonces insistí en la pregunta hasta que por fin lo dijo. Me había “ganado cariño/amor”. Odié la frase en alemán porque ninguna de mis traducciones (a pesar de ser una frase simplísima) tenía el sentido correcto. Era como querer traducir “eres la crema de mis tacos” (o frases muy de un idioma). De cualquier forma lo que siguió me aclaró un poco. Escribió que entonces yo había conocido a alguien más y entonces él había aceptado simplemente eso y no más preguntado. “Así es la vida, supongo”, sentenció.

Luego, respecto a su alejamiento, entendí que esa fue la razón. Dijo que no quería molestar innecesariamente. Yo había encontrado lo que andaba buscando y eso era bueno. Para asegurarme lancé una última pregunta, sobre una relación, si tuve la posibilidad alguna vez de ser su novia. “Sí, seguro. Siempre me gustaste”.

Y fue raro porque no me sentí triste. No me dije “joder, por qué ahora” o “ah, estoy confundida”. No, de alguna manera, no sentí nada. Por él. Y eso me dio tristeza. Sé que es por el hecho de que tengo ahora a alguien increíble a mi lado, que en menos tiempo me ha llegado a conocer más que nadie, que es mi mejor amigo y pareja. Y a la vez, también sentí alegría. Por tener un amor tan fuerte y porque, de haber sabido antes los sentimientos de mi crush, tal vez nunca hubiera conocido a la persona que amo.

Es curioso. Así debían pasar las cosas ¿no? Mi chico, como suelen actuar los hombres, cuando escuchó la historia actualizada dijo: por esperarse demasiado. Y luego un “ya ves, lo sabía. Nadie habla de cruzar el océano nada más porque sí”. Y sobre la posible visita en Alemania, sacó lo celoso: no creo que sea buena idea, dile que no puedes o algo así. Igual y salen los tres, se burló una amiga de mi. Cuando le dije que, al principio, mi crush me gustaba mucho y sentía algo, se espantó un poco. Pero cuando sentencié sobre lo de haberlo conocido a él, se alegró diciendo: bien por mi, bien por ti, malo por él. Pero en especial, bien por nosotros.

Mientras veíamos nuestra serie favorita, miré el twitter. Tenía un DM. Dos puntos y un asterisco. Un beso. Miré a mi chico y percibí todo lo que sentía por él. Noté que lo amaba más de lo que imaginaba y sobre todas las cosas. Respondí sólo con el emoticón de una sonrisa. “Lo siento” –quise decir. “No puedo corresponderte”. Pero no. Sólo la sonrisa. Supuse que él sabría interpretarlo y que regresaríamos al silencio, con un ocasional “cómo te va” de cortesía, alguna vez entre un “buenos días para ti, buenas noches para mi”, mensajes de 140 caracteres y efímeros como lo son en una time line.

That’s life, I guess.

10. Cómo cortarse las venas de la manera correcta.

Cómo cortarse las venas de la manera correcta, leyó en letras azules; resultado de una búsqueda en google sobre anatomía.

Según esto, la gente suele cortarse de manera horizontal, que apenas corresponde a una parte de la vena y más de piel, pudiendo cicatrizar rápidamente.

“La manera correcta” es hacerlo verticalmente. Sí, de arriba pa’ bajo, ¿dolería, verdad? ¡Pues claro!

Y entonces recordó aquellas frías palabras: “Pensaba en acercarme a esa persona que te veía y deslizar mi navaja verticalmente por su espalda. La herida tardaría mucho en cerrar y daría el tiempo suficiente para que se desangrara”.

Suena el skype. Es esa persona.

–Eres un charlatán. –Dice googleadordeestupideces y le cuenta lo que ha encontrado.

–No te he engañado, bueno, sí. No lo hubiera hecho y tampoco se hubiera muerto. Pero tenía razón en la dirección del corte.

–Como sea. Apúrate, necesitamos más hielo.

20 minutos después se oye el timbre de la puerta y con un movimiento en seco se abre la puerta.

Sostienen el cuerpo que yace en el suelo y cortan la vena que corre a lo largo de la muñeca. Verticalmente. Luego de un rato, consiguen llenar un par de botellas con sangre.

–¡Joder!

–¿Qué pasa?

–Acabo de encontrar que es más rápido desde la arteria.

–No te preocupes. Ya habrá tiempo. La práctica hace al maestro.

9. Escribe bien, por favor.

La conoció en una de esas redes sociales, donde todos tenemos una cuenta. Podría estado, incluso, a punto de sucederte a ti.

En la foto quería dar a entender más de lo que era y si bien, una imagen dice más que mil palabras, muchas veces una palabra dice más de ti que otra cosa.

Ella era la clásica chica que ScRbiIaääa hAzii.

Disculpen si ha sido ofensivo, pero de esta forma ella llamó su atención. Y luego, con una sencillez increíble, en parte por su virtud y en parte por la estupidez de ella, la conquistó.

La chica puso: aun no se k fue lo k me echizo de ti.  UnN angelitho0 me dijo0 q es unN pecado0 penZzar s0lo en t¡¡¡

Pasa el tiempo. La policía encuentra un cadáver. Había una nota.

Estaban matándome. ¿Por qué no habría de defenderme?

Atentamente: el lenguaje.

En un mundo correcto, todos habrían asentido. Cuestión de semántica.

8. Acróstico

 

Te miras un día al espejo, en el momento más sincero del día: justo después de despertar. Has olvidado el sueño que tuviste; algo así como una genial novela de suspense, pero que ahora no recuerdas.

Estás asustado. El miedo que le tienes ahora a la muerte supera exponencialmente esa vocecita que te dice: “Hey, todo estará bien”. Pero… ¿y si no lo está? Ya no te importa el dolor, ni siquiera la noticia que afectará a tu vida. Te preocupan las personas que amas, que vayan a sufrir.

Aún así, por algunos momentos lograr olvidar todo y haces tu día como si nada. El que busca encuentra, de modo que te resistes a buscar cualquier cosas que te pueda poner ansioso y bloqueas google. Miras su foto y comprendes cuánto te ha cambiado y de qué manera te ha convertido en una persona mejor.

Morir es un eufemismo. La verdad es más dolorosa. Pero el amor te ha salvado: ha limpiado tu corazón. Admites que aceptarías tu destino contento, si esa otra persona va a estar bien. Que no le has hecho ningún daño y que todavía puede ser feliz. Eso te conmueve hasta el borde de las lágrimas. No, ¡qué va!, lloras sin control.

Oyes el característico “bip” desde tu móvil, que indica que tienes notificaciones. Ahora que tienes el corazón entregado y has aprendido que el amor es el sentimiento más fuerte que puede existir, te miras al espejo con el alma renovada. Te llama desde la habitación y acudes. No pasará nada. No hay por qué temer ya. El amor, te ha salvado.

Cuando no deberías amar demasiado.

8- Cuando no deberías amar demasiado.

Había cambiado el fondo de pantalla con una foto de él por una de Mario Gómez sonriendo. Pero ni eso le hacía feliz.

Por la noche, cuando se subió al autobús después del trabajo, se sinitó como en la feria. Las luces de neón azul iluminaban los asientos y en el frente relucián planetas de plástico fluorescentes. También resonaba una estrambótica música grupera. Parecía a aquel juego de asientos que giraban y se bamboleaban al ritmo de la música, para culminar de reversa y, de vez en cuando, preocuparte de que se rompiera el endeble seguro y te mataras. No había mucho diferencia: el conductor se sentó hasta atrás y esperó a que el juego, perdón, autobús, se llenara, dando los boletos de mano en mano a sus víctimas alias pasajeros. Cuando por fin estuvo lleno, arrancó, haciéndote creer que en una de esas saldrías disparado por la ventana.

Ella se sentó casi hasta atrás. Le subió el volumen al máximo a “Fade” de Theatre of Tragedy en parte para acallar sus demonios internos y la canción ranchera que retumbaba en las bocinas.

De repente cayó una canción que le recordaba a él.

Y así, en ese extraño camión-juego lloró, de aquella forma que no necesitas ni apretar la nariz para que las lágrimas se escurran naturalmente. Probablemente sea la forma más sincera de llorar. Probablemente sea también la más profnda y dolorosa.

Porque sólo el miedo a perder lo que más amas, te hace temblar hasta el último rincón de tu cuerpo.

Y entonces ella lloró. Pensando en él. Y que Mario Gómez se veía especialmente ridículo a su lado. Pues cuando amas a alguien…

*Inserte su frase aquí*.

7. La frialdad que te congela el corazón

Estás ansiosa; esperas cada noche y cada mañana para poder encontrártelo a la hora de siempre en el lugar de siempre. A veces él llega tarde, a veces debe irse temprano. Otras, simplemente no puede llegar. De cualquier manera tú permaneces siempre ahí, a la orilla del bosque, esperando por él.

Llega el invierno y con él, la nieve. Tú habías estado esperando ese día por mucho tiempo: sólo quieres compartirlo con él. Tienes frío, pero cuando él llega y te abraza, extrañamente te sientes con más frío aún. Debe marcharse pero promete regresar… más tarde. Mucho más tarde. No sabes qué creer. No sabes qué sentir. Sólo asientes con la cabeza y te quedas ahí, reflexionando, mientras los copos de nieve comienzan a mezclarse con tu cabello, mojándolo y volviéndolo un lío.

Sabes que eres una intrusa en su vida, una persona relativamente nueva. Pero te duele. Hace frío y tus manos y rostro se vuelven azulados. Al poco tiempo las piernas se te entumen: deberías moverte, piensas. Tu mente te dice que te vayas a casa. Tu corazón te obliga a mantenerte en pie a pesar de la tormenta.

Cuando él vuelve, sólo para decirte que quiere volverse a ir, tu corazón apenas y late. Él no lo sabe, es más, ni siquiera nota que tu cara tiene lágrimas congeladas. Te mira pero tú no sabes qué ves realmente en sus ojos. No expresan nada. El corazón se te enfría, tu cuerpo cae hacia atrás y la nieve se deposita en la curvatura de tu rostro, especialmente en las cavidades oculares. Las lágrimas saladas se terminan de congelar en tu iris.

Si te hubieras ido, él te habría llamado, habrías acudido a él y, de todas formas, te habría congelado el corazón.

 

 

Zimmer

Erzählung Nummer 1 auf Deutsch.

Auf: Violeta Santiago.

Die Schere hat nach die Schublade des Küchentisch zurück gekommen. Ich erinnere mich darauf, wann ich sie vor vielen Jahren genommen habe. Ich war ein Kind und ich brauchte etwas schnitten. Deshalb hat sie im meinem Zimmer geblieben… bis heute.

Ich habe kein Zimmer mehr. Ich schlafe im Wohnzimmer oder bei meiner Mama. Ich muss sagen, das ist nicht so schlimm. Ich habe seit lange Zeit ohne im Haus zu wohnen. Aber ich wusste, ich hatte einen Platz für mich. Jetzt ein elfjähriger Mädchen schläft in meinem Bett, nimmt meine Plüsches und spiele mit meinen Dingen.

Ich musste alles putzen. Mein Bruder hat die Wanden von Violett angestrichen. Ich wollte immer Violett mein Zimmer haben, aber nein, sie waren gelb und sein Name war groß an einer von ihnen.

Ich war böse. Fragte ich mich warum.

“Das Zimmer ist egal” habe ich gedacht. Aber ich war traurig auf meinem Bruder. Ja, ich weiß, dass eine Schwester seinen Platz immer hat, aber die Sachen waren jetzt nicht schön. Es gab ein Mädchen, welches das Tochter von ihm nicht war, aber von seiner Freundin ja.

Ich ging raus und denn ich habe mit den Hunden gespielt. Mein Bruder rauchtet ein Zigarette.

–Vielleicht sollen wir deine alten Plüsches schenken. –Hat er gesagt.

–Bist du bekloppt? Sie sind meine! Du kannst nicht es tun! –Ich habe ihm sich schlecht angeschauten.

Er sagte nichts mehr. Am Abend das Mädchen schlief im meinem Bett und das Wohnzimmer war noch mal frei für mich.

Ich merke dann, ich hatte lange Zeit, ohne ich hier einen Platz zu haben. Ich lachte, traurig. Ich saß mich auf dem Sofa und schaltete den Xbox ein.

Nächste Tag einige armen Kinder spielten mit anderen Plüschen, ein bisschen alt, aber gut gepflegt.

Also, es gab einige nur… ohne Kopf.

6. Herzensbrecher

6. Herz Zerbrecher

-Oye, siente algo raro en el pecho, como una punzada…

-¡Qué va! ¿Sabías que es mentira eso de que el corazón duele?

-¿En serio?

-Japps, así es. Te dolerá alguna otra cosa, el bazo o algún músculo.

-El corazón es un músculo, genio.

-Sí, pero ya te dije que no duele…

Ella se despidió y pulsó el botón rojo para bajarse del camión. A pesar de lo que le había dicho su amigo, seguía teniendo esas “punzadas” pero se limitó a ignorarlas.

Ella tenía miedo, el más terrorífico de todos, una pesadilla en carne propia; le tenía miedo al amor.

Pensarán que es como tenerle miedo a un Chihuahua, que en su debido caso sí hay que temerles pues aunque son pequeños, muerden como pirañas. Como sea, le tenía miedo al amor y no al hecho de que la engañaran sino a terminar con el corazón roto.

Por ejemplo, ahora. Tenía a su lado a alguien maravilloso, alguien en quien confiaba en el tema de la fidelidad pero que por la misma razón de que era muy sincero, ella sabía que cuando él no quisiera nada más, se lo diría a ella con total tranquilidad. Le aterraba que eso sucediera de un día para otro, un

“Hola, ¿qué tal? ¿cómo va tu día? ¡Ah! ¿Sabes? Necesito decirte algo: ya no te quiero”.

Kaputt.

Le punzó lo que fuera que tuviese y se mordió los labios tratando de alejar esos pensamientos de su mente.

-¡Es ridículo, una total estupidez tenerle miedo al amor!

Conforme fue pasando el día, sus ideas se recrudecieron. Empezó a escuchar voces -sus voces- algunas clamaban atención a gritos, indicándole que disfrutara lo que tenía ahora. Otras reían. Algunas más le decían que fuera fría. Un alguien igual a ella pero con una apariencia bastante perversa, se posó a su lado.

-¡Hey! -Saludó.

-¿Quién eres?

-Hmm… Pero sí que me vas a romper el corazón -dijo con sarcasmo-. ¿No ves que soy igualita a ti?

-Yo no tengo el cabello plateado.

-No es plateado… es blanco, ciega.

-Y también tengo modales.

-Claro… En fin, no estoy aquí para ayudarte.

-¿Que no eres mi conciencia?

-No, tu conciencia es muy… inconsciente. Soy tu miedo.

-¡Vaya! Pues sí que asustas.

-Deberías verte en un espejo. -Sonrió el miedo.

-Bueno ¿qué quieres?

-Fácil: quiero librarme de ti. Es muy aburrido estar siempre contigo. ¿Miedo al amor? ¡Por favor! Hay muchas cosas horribles en el mundo: armas nucleares, el calentamiento global, artistas pop, payasos o arañas… ¿Pero el amor? De todas las personas que me pudieron haber tocado, eres la más ridícula.

Ella miró al miedo con desdén. Y siguió caminando hasta sentarse junto al lago, para alimentar a las tortugas. El miedo se apareció a su lado.

-Escucha… tengo la forma de conseguir que yo desaparezca. ¿Te interesa?

La chica le prestó atención entonces a su ángel mal hecho.

-¿Cómo puedo no tenerle miedo al amor?

El miedo sonrió, mostrando sus hileras de dientes afilados y puntiagudos.

-Observa, tengo esta … ehm… varita mágica, o como quieras llamarle, que sirve para abrir tu corazón.

-Eso suena bien… ¿Cómo funciona?

-Sólo debes llegar hasta tu corazón y abrirlo. Así, ya no sentirás miedo. Toma -Le dio el “instrumento”-.

Ella sintió un dolor agonizante. Pero veía en su pecho la luz de su corazón, que se desbordaba como un manantial de pureza.

-¡Lo estoy abriendo, lo estoy abriendo! -gritó ella.

-Chao. Loca.

La luz desapareció: se volvió líquida y roja.

El punto más brillante, del cual irradiaba toda esa materia, se hizo grande como un puño.

Su última mirada fue su corazón, destrozado, entre sus manos sangrientas.

Fue encontrada 20 minutos más tarde, unos niños que jugaban cerca descubrieron el cadáver de una chica, joven y no muy alta. Al parecer, alguien le había abierto el pecho y arrancado el corazón, para luego ponérselo en su mano izquierda.

-Tal vez tenemos frente a nosotros el caso de un asesino serial. -Comentó un oficial de policía, aficionado a los Krimis (Novelas criminales).

-Ah… -Suspiró con languidez el jefe-. Esperemos que venga perciales y haga el moviemiento. Y que digan que fue pasional. Mañana es feriado y el presidente ha declarado fin de semana largo y no quiero pasármela trabajando por esto.

Cuando llegó periciales, el caso fue declarado como un suicidio, para alivio del jefe. Se había encontrado en la mano derecha una vara delgada, pero gruesa y con la punta aguda como si de una esta se tratase, manchada de sangre. Se determinó que estaba ahí pre-mortem.

La verdad era que el asesino serial también estaba muerto.

El miedo estaba enamorado del amor y había decidido suicidarse para ya no sentir más.