El hombre que caminó bajo la lluvia y no volvió a ser joven


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Era una tarde cualquiera en el puerto y, como cualquier tarde, la gente salía a ‘dar la vuelta’ al bulevar Ávila Camacho, a comer una nieve o simplemente sentarse junto al mar. Y, como también sucede siempre en Veracruz, las personas apenas toman precaución del clima, quizá hasta que ya tienen el ‘norte’ encima o cuando con 17º C ya salen con chamarras, abrigos, bufanda, guantes y botas.  Fuera de eso, siempre es verano y hace un calor de los mil demonios.

El hombre —un hombre normal— salió a disfrutar de una tranquila tarde, meditando lo que había hecho de su vida, lo que había dejado de hacer o lo que había dejado ir. A cierta hora, tras haber observado la luna roja de octubre —la más hermosa, dicen— reflejarse en el mar, se incorporó y se dispuso a caminar hasta el centro, para ahí, tomar su respectivo camión.

La lluvia se desató, así, de la nada. Si bien, las nubes ya habían amenazado al puerto toda la tarde, la conjunción soleado-nublado-soleado daba la impresión de que no fuera a suceder nada más. Y la lluvia que cayó no era una pequeña brisa fresca y fina, era un aluvión de gotas pesadas, gordas, que hasta dolían al chocar contra el rostro de los transeúntes y, además, fría.

El hombre no se inmutó ante la lluvia y siguió su camino, disfrutándola. Caminó con la cabeza erguida y se dejó mojar el cabello, la nariz, los párpados, hasta saborear la insípida lluvia de octubre. Sólo guardó su sombrero de papel —según la etiqueta, 100% papel— aunque, al parecer, no se desharía. Notó, con diversión, cómo sus manos se arrugaban por causa del agua, como cuando se permanece largo tiempo en una piscina o bajo la regadera.

El chaparrón cesó; el hombre, aguardó. Las calles, que se habían encharcado rápidamente, volvieron a la normalidad. Veracruz, parecía, regresaba a su tropical naturalidad. Pero las arrugas del hombre no desaparecieron nunca. Se había vuelto viejo en el camino; la lluvia de la experiencia y la vida había surcado su piel. Y ahora su mirada era más profunda y su corazón, más fuerte.

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1 comentario

  1. Antonio

     /  07/11/2013

    seria una vida ajena a ese tiempo del hombre? seria que recordò el dìa que volviò a nacer en otro tiempo?… o sera que ya habia caminado por esas calles en un sueño…..

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