Twitcrush


Aprendí a leer su estado de ánimo en 140 caracteres. Con el tiempo, conocía todo su guardaropa de la cintura para arriba y hasta había elegido ya las prendas que más me gustaban de él.

Compartíamos música, tweets, cuestiones filosóficas, tonterías de la vida. Era mi twitcrush. Sí, aunque no lo crean, uno (en contextos bastante curiosos) puede llegar a “enamorarse” de alguien de manera electrónica.

Hablábamos en alemán: el era de Austria, mi antítesis de todo lo que debía ser “alemán”: mucho café (fuerte), panes, cosas dulces… nada de fut.

Nos acoplábamos para twittear, a pesar de las 7 horas de diferencia que llevábamos, pero cada quién tenía en su iPod el reloj del otro. De tantas demostraciones de cariño twittero, mis otros followers sabían para quién eran mis mensajes de amor sin mención.

Mi crush era bastante tierno. Aprendí muchas de las dulces palabras que ahora sé a través de mensajitos. Yo, por mi lado, le tomaba foto a todo lo que hacía en el día para compartirlo con él. Una vez, después de algún tiempo, le dio fav a un par de fotos mías, confesándome que eran las que más le gustaban.

Llegó un momento en el que nos decíamos cosas como “si tú estás feliz, yo estoy feliz”. Y entonces, como si se tratase de una relación en vivo y en directo, me vino la pregunta de: ¿qué se supone que somos / sentimos?

Él era tímido. Muy lindo y detallista, pero cerrado con la expresión concreta de sentimientos. Uno de esos “buenas noches para ti, buenos días para mi” recibí un “ich mag dich”. Mi corazón saltó. Se volvió a arrugar cuando noté que tal frase sólo significaba algo así como “me agradas”.

Pasaron los días y éstos se hicieron meses. Nunca había oído su voz, ni visto una foto de cuerpo completo de él. Jugaba a imaginármelo. Una tarde hablábamos de la felicidad y terminó diciéndome que le gustaría estar en México, conmigo.

Entonces me llegó una gran noticia: yo viajaría a Alemania. Él prometió que me visitaría. Nunca fue, por “x” o “y” razón (tiempo, ocupaciones familiares, trabajo, estudio). Le mandé café por su cumpleaños, el mejor de México y nunca me comentó si le había gustado o no. Yo ya le había confesado, para ese entonces, que me gustaba más allá de una amistad. Él contestó que “era lindo de mi parte” y en general que le agradaba. Nada más. Ni un sí o no. Creí entonces que, en español mexicano, me había bateado de una manera dulce, para no herir mis sentimientos o algo así. Pensé que quizá por eso no me había ido a visitar a Alemania.

Esa semana, conocí a alguien que me cambió la vida. Yo no quería enamorame ni iba con esa intención, en parte por mi crush, en parte porque no creí encontrar a nadie que me gustara tanto o más. Logró hacer que lo extrañara toda una semana y cuando regresó apenas y nos separamos. Comenzamos una relación entonces, aunque yo debía regresar a México.

Tras 8 meses, mi crush, quien ya estaba enterado de mi relación e incluso le había contado un par de cosas de él, me saludó. Tenía tiempo que no nos escribíamos. Habíamos skypeado sólo una vez y me volvió a prometer que, esta vez que regresara a Alemania, ahora sí me iría a visitar. Recuerdo que le conté toda la historia hasta ese entonces a mi novio, el cual saltó y admitió estar un poco celoso y me dijo que seguro él (el otro) sentía algo por mi. Para mis adentros me dije “no”. No, porque le había expresado mis sentimientos y me había rechazado. No, porque cada vez que le preguntaba qué sentía me decía que le agradaba y era linda. Y nada más.

Y así, 427 días desde el primer tweet, comenzamos una conversación por DM de twitter, con el tema de que él tenía una nueva cuenta. Otrora twitteradicto, apenas y escribía en la semana. Se me ocurrió decirle (porque ya no tenía nada que perder) así, directamente, que había estado (en pasado simple alemán) enamorada de él, no sin antes reclamarle por qué no había escrito en tanto tiempo. Me dijo que a pesar de no estar ahí, no se olvidaba de mi. Entonces contesté que la situación era ahora rara para mi y ¡zas! lo solté. “Estaba enamorada de ti”.

Como siempre me respondió de forma que no entendí si era un “yo no” o un “yo también”. Entonces insistí en la pregunta hasta que por fin lo dijo. Me había “ganado cariño/amor”. Odié la frase en alemán porque ninguna de mis traducciones (a pesar de ser una frase simplísima) tenía el sentido correcto. Era como querer traducir “eres la crema de mis tacos” (o frases muy de un idioma). De cualquier forma lo que siguió me aclaró un poco. Escribió que entonces yo había conocido a alguien más y entonces él había aceptado simplemente eso y no más preguntado. “Así es la vida, supongo”, sentenció.

Luego, respecto a su alejamiento, entendí que esa fue la razón. Dijo que no quería molestar innecesariamente. Yo había encontrado lo que andaba buscando y eso era bueno. Para asegurarme lancé una última pregunta, sobre una relación, si tuve la posibilidad alguna vez de ser su novia. “Sí, seguro. Siempre me gustaste”.

Y fue raro porque no me sentí triste. No me dije “joder, por qué ahora” o “ah, estoy confundida”. No, de alguna manera, no sentí nada. Por él. Y eso me dio tristeza. Sé que es por el hecho de que tengo ahora a alguien increíble a mi lado, que en menos tiempo me ha llegado a conocer más que nadie, que es mi mejor amigo y pareja. Y a la vez, también sentí alegría. Por tener un amor tan fuerte y porque, de haber sabido antes los sentimientos de mi crush, tal vez nunca hubiera conocido a la persona que amo.

Es curioso. Así debían pasar las cosas ¿no? Mi chico, como suelen actuar los hombres, cuando escuchó la historia actualizada dijo: por esperarse demasiado. Y luego un “ya ves, lo sabía. Nadie habla de cruzar el océano nada más porque sí”. Y sobre la posible visita en Alemania, sacó lo celoso: no creo que sea buena idea, dile que no puedes o algo así. Igual y salen los tres, se burló una amiga de mi. Cuando le dije que, al principio, mi crush me gustaba mucho y sentía algo, se espantó un poco. Pero cuando sentencié sobre lo de haberlo conocido a él, se alegró diciendo: bien por mi, bien por ti, malo por él. Pero en especial, bien por nosotros.

Mientras veíamos nuestra serie favorita, miré el twitter. Tenía un DM. Dos puntos y un asterisco. Un beso. Miré a mi chico y percibí todo lo que sentía por él. Noté que lo amaba más de lo que imaginaba y sobre todas las cosas. Respondí sólo con el emoticón de una sonrisa. “Lo siento” –quise decir. “No puedo corresponderte”. Pero no. Sólo la sonrisa. Supuse que él sabría interpretarlo y que regresaríamos al silencio, con un ocasional “cómo te va” de cortesía, alguna vez entre un “buenos días para ti, buenas noches para mi”, mensajes de 140 caracteres y efímeros como lo son en una time line.

That’s life, I guess.

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8 comentarios

  1. Que linda historia.. de esas algo modernas para mí (por el uso de los nuevos medios), pero es tan real!…. y sobre todo me gusta tu redacción. Gracias por compartir!

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    • Vicereine

       /  12/06/2012

      De hecho es mitad experiencia real u.u Gracias por el comentario!

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  2. dosaunecompany

     /  12/06/2012

    Gracias por el texto. Yo acabo de volver de México y siendo español en cualquier caso, hay veces que es imposible traducir frases como ‘eres la crema de mis tacos’, ‘de aquí soy’, ‘qué onda’…y echo de menos estar perdida en la traducción

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  3. GenioXX

     /  12/06/2012

    Hola.
    Es realmente fascinante una historia de éstas. Verdaderamente, escribes ¡Wow! De esas veces que tanto te impresiona…
    ¡Felicitaciones!

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  4. Vallaija

     /  14/06/2012

    Una vez alguien me dijo que la peor y la mejor forma de decir adiós es aquella en la que piensas que se volverán a ver y que simplemente jamás ocurrirá.

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    • Vicereine

       /  14/06/2012

      Wow! Eso es del primer capítulo de mi novela. Gracias… es un comentario que me ha llegado en un buen momento…

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  5. Perfecto, con esta entrada siento que ya no tienes que contarme tu vida sentimental por Skype ^^ (está aún pendiente la llamada eh? no me olvido :* )

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