No al PRI este 1 de Julio. (Ni en este, ni en próximos comicios.)

Querido México:

Soy joven, pero ya he conocido el daño que le ha hecho el PRI a mi país. Nací entre devaluaciones, vivo ahora un presente manchado de sangre, donde 80 mil han perdido la vida, entre ellos familiares, amigos, conocidos… México, sé del daño que te han hecho a costa de proteger los intereses de unos cuantos, no importando la pobreza y desigualdad.

Ahora nos quieren imponer a una tristemente célebre figura, que tiene en su persona las mismas prácticas de sus antecesores. Tan sólo escuchemos bien el discurso de Peña Nieto: tan institucional y demagógico, del mismo calibre de López Portillo, Ordaz, de la Madrid Hurtado, Salinas…

Enrique Peña Nieto representa el mismo PRI. ¿Nuevo? ¡Por favor! ¡Si no estamos ciegos! El “nuevo” PRI ha llevado a estados que antes no tenían problemas de violencia a un panorama sangriento, el “nuevo” PRI tiene en su haber gobernadores prófugos, en procesos penales por enriquecimiento ilícitos y hasta casos peores como pederastía, sin recibir castigo.

Un hombre enfermo de poder. En “entrevista” con los lectores de noticias de Tercer Grado (de Kínder, digo, Televisa) quedó, de nuevo, demostrada la coalición que hay entre el candidato del PRI y la Televisora de Azcárraga. No respondía, sino que dirigía el tema y tono de la conversación. No vimos a una Adela Micha desesperada y gritando ni tampoco escuchamos risas irónicas y nerviosas. Nada, todo cortesía. Cuando se le cuestionó –amablemente– sobre su gabinete, contestó: la gente no va a votar por un equipo, va a votar por una persona.

Para no hacer un texto innecesariamente extenso, porque a estas alturas espero tener la certeza de que los mexicanos no son ignorantes y no se creen todo lo que les ponen frente al televisor, mejor escribo a continuación las razones por las que Enrique Peña Nieto–PRI es incompetente y peligroso para gobernar México:

-Atenco

-Feminicidios en EdoMex

-No reconocimiento de hijos fuera del matrimonio (ni apoyo)

-Caso Paulette

-Convenios con Televisa

-Agresiones a jóvenes que protestan por parte de sus grupos de choque (Córdoba, Coatzacoalcos, estadio Azteca…)

-Culturalmente inadecuado

-Extraordinarios gastos en ropa

-Rebasar por muchas veces el tope de gastos de campaña

-No conocer la situación económica actual del país

-La gente que lo rodea

-Su gabinete

-Homofobia

-Represión y violencia

-No puede actuar si no tiene un telepromter (es cierto, si no está en su “zona de cofort” es un caos, imagínense frente a los problemas del país)

-No conocer realmente el modo de vida de la mayoría de los mexicanos

-Arturo Montiel, Yarrington, Salinas…

-Repudio de los jovenes

-No tiene una propuesta educativa (sólo darle computadoras a niños en 5to de primario, cuando muchos de éstos ni para comer tienen)

-De hecho, sus propuestas son irreales

-Corrupción

-Pretende mantener al ejército en las calles y seguir con la guerra

-Compra de votos

-Falta de carácter y honestidad

-Caso de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara

-Su hija y repudio a “la prole”

-No sabe los precios de los productos de la canasta básica

-No asistió al debate hecho por los jóvenes de #YoSoy132

-Representa una estocada a la democracia

-Campaña sucia

-Manipulación mediática

-Fondos de campaña provenientes de estados priístas

-Asesinato de Colosio por parte de su mismo partido

-Agresión a reporteros

-Matanza de Tlatelolco

-Vinculación con grupos delictivos

-Halconazo

-Intolerancia

Enrique Peña Nieto no representa a los mexicanos, ni el México que queremos. No está preparado para ser un líder de Estado y quedó demostrado en su sexenio como gobernador, donde la pobreza aumentó, los feminicidios, la violencia, irregularidades con la impartición de  justicia.

Por favor, mexicano, piensa bien tu voto. Anular no sirve de nada, lo único que haces es señalar indiferencia, pero no cambias nada. No cuentas.

Sé que muchas familias están en clara necesidad y muchas veces aprovechan lo que los candidatos les ofrecen, pero ahora ya existen formas de “evadir” la venta de votos, como haciendo una cruz sobre un papel albanene. Pero sobre todas la cosas, lo mejor sería no vender sus conciencias. Piensen bien: ¿valen la pena unos cuantos pesos por 6 años de miseria?

Convenzan, platiquen, informen a sus amigos, vecinos y familiares. Muchas personas no tienen acceso a las redes sociales y no se enteran de quién es realmente EPN, porque es información que nunca se verá transmitida por televisión.

Pero no todo el panorama es desolador: los jóvenes hemos despertado. Éramos la generación que parecía condenada a un futuro sin trabajos justos y con una educación cada vez peor. Y sin embargo, estamos hoy todos unidos con la firme convicción de un país mejor. También hay mucho trabajo en las redes sociales, personas que no sólo expresan, informan y comparten, situaciones que ocurren diariamente y que vivimos en carne propia.

No dejemos que nuestra primavera se marchite. No dejemos que el invierno intelectual, enfermizo, oscuro, perverso y degradante de Enrique Peña Nieto nos mate. En espíritu y también, literalmente.

Querido México: aquí estoy ya, estamos, somos muchos, millones que no permitiremos una imposición ni que un corrupto y violento llegue a gobernarnos. NUNCA MÁS. #YoSoy132

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Twitcrush

Aprendí a leer su estado de ánimo en 140 caracteres. Con el tiempo, conocía todo su guardaropa de la cintura para arriba y hasta había elegido ya las prendas que más me gustaban de él.

Compartíamos música, tweets, cuestiones filosóficas, tonterías de la vida. Era mi twitcrush. Sí, aunque no lo crean, uno (en contextos bastante curiosos) puede llegar a “enamorarse” de alguien de manera electrónica.

Hablábamos en alemán: el era de Austria, mi antítesis de todo lo que debía ser “alemán”: mucho café (fuerte), panes, cosas dulces… nada de fut.

Nos acoplábamos para twittear, a pesar de las 7 horas de diferencia que llevábamos, pero cada quién tenía en su iPod el reloj del otro. De tantas demostraciones de cariño twittero, mis otros followers sabían para quién eran mis mensajes de amor sin mención.

Mi crush era bastante tierno. Aprendí muchas de las dulces palabras que ahora sé a través de mensajitos. Yo, por mi lado, le tomaba foto a todo lo que hacía en el día para compartirlo con él. Una vez, después de algún tiempo, le dio fav a un par de fotos mías, confesándome que eran las que más le gustaban.

Llegó un momento en el que nos decíamos cosas como “si tú estás feliz, yo estoy feliz”. Y entonces, como si se tratase de una relación en vivo y en directo, me vino la pregunta de: ¿qué se supone que somos / sentimos?

Él era tímido. Muy lindo y detallista, pero cerrado con la expresión concreta de sentimientos. Uno de esos “buenas noches para ti, buenos días para mi” recibí un “ich mag dich”. Mi corazón saltó. Se volvió a arrugar cuando noté que tal frase sólo significaba algo así como “me agradas”.

Pasaron los días y éstos se hicieron meses. Nunca había oído su voz, ni visto una foto de cuerpo completo de él. Jugaba a imaginármelo. Una tarde hablábamos de la felicidad y terminó diciéndome que le gustaría estar en México, conmigo.

Entonces me llegó una gran noticia: yo viajaría a Alemania. Él prometió que me visitaría. Nunca fue, por “x” o “y” razón (tiempo, ocupaciones familiares, trabajo, estudio). Le mandé café por su cumpleaños, el mejor de México y nunca me comentó si le había gustado o no. Yo ya le había confesado, para ese entonces, que me gustaba más allá de una amistad. Él contestó que “era lindo de mi parte” y en general que le agradaba. Nada más. Ni un sí o no. Creí entonces que, en español mexicano, me había bateado de una manera dulce, para no herir mis sentimientos o algo así. Pensé que quizá por eso no me había ido a visitar a Alemania.

Esa semana, conocí a alguien que me cambió la vida. Yo no quería enamorame ni iba con esa intención, en parte por mi crush, en parte porque no creí encontrar a nadie que me gustara tanto o más. Logró hacer que lo extrañara toda una semana y cuando regresó apenas y nos separamos. Comenzamos una relación entonces, aunque yo debía regresar a México.

Tras 8 meses, mi crush, quien ya estaba enterado de mi relación e incluso le había contado un par de cosas de él, me saludó. Tenía tiempo que no nos escribíamos. Habíamos skypeado sólo una vez y me volvió a prometer que, esta vez que regresara a Alemania, ahora sí me iría a visitar. Recuerdo que le conté toda la historia hasta ese entonces a mi novio, el cual saltó y admitió estar un poco celoso y me dijo que seguro él (el otro) sentía algo por mi. Para mis adentros me dije “no”. No, porque le había expresado mis sentimientos y me había rechazado. No, porque cada vez que le preguntaba qué sentía me decía que le agradaba y era linda. Y nada más.

Y así, 427 días desde el primer tweet, comenzamos una conversación por DM de twitter, con el tema de que él tenía una nueva cuenta. Otrora twitteradicto, apenas y escribía en la semana. Se me ocurrió decirle (porque ya no tenía nada que perder) así, directamente, que había estado (en pasado simple alemán) enamorada de él, no sin antes reclamarle por qué no había escrito en tanto tiempo. Me dijo que a pesar de no estar ahí, no se olvidaba de mi. Entonces contesté que la situación era ahora rara para mi y ¡zas! lo solté. “Estaba enamorada de ti”.

Como siempre me respondió de forma que no entendí si era un “yo no” o un “yo también”. Entonces insistí en la pregunta hasta que por fin lo dijo. Me había “ganado cariño/amor”. Odié la frase en alemán porque ninguna de mis traducciones (a pesar de ser una frase simplísima) tenía el sentido correcto. Era como querer traducir “eres la crema de mis tacos” (o frases muy de un idioma). De cualquier forma lo que siguió me aclaró un poco. Escribió que entonces yo había conocido a alguien más y entonces él había aceptado simplemente eso y no más preguntado. “Así es la vida, supongo”, sentenció.

Luego, respecto a su alejamiento, entendí que esa fue la razón. Dijo que no quería molestar innecesariamente. Yo había encontrado lo que andaba buscando y eso era bueno. Para asegurarme lancé una última pregunta, sobre una relación, si tuve la posibilidad alguna vez de ser su novia. “Sí, seguro. Siempre me gustaste”.

Y fue raro porque no me sentí triste. No me dije “joder, por qué ahora” o “ah, estoy confundida”. No, de alguna manera, no sentí nada. Por él. Y eso me dio tristeza. Sé que es por el hecho de que tengo ahora a alguien increíble a mi lado, que en menos tiempo me ha llegado a conocer más que nadie, que es mi mejor amigo y pareja. Y a la vez, también sentí alegría. Por tener un amor tan fuerte y porque, de haber sabido antes los sentimientos de mi crush, tal vez nunca hubiera conocido a la persona que amo.

Es curioso. Así debían pasar las cosas ¿no? Mi chico, como suelen actuar los hombres, cuando escuchó la historia actualizada dijo: por esperarse demasiado. Y luego un “ya ves, lo sabía. Nadie habla de cruzar el océano nada más porque sí”. Y sobre la posible visita en Alemania, sacó lo celoso: no creo que sea buena idea, dile que no puedes o algo así. Igual y salen los tres, se burló una amiga de mi. Cuando le dije que, al principio, mi crush me gustaba mucho y sentía algo, se espantó un poco. Pero cuando sentencié sobre lo de haberlo conocido a él, se alegró diciendo: bien por mi, bien por ti, malo por él. Pero en especial, bien por nosotros.

Mientras veíamos nuestra serie favorita, miré el twitter. Tenía un DM. Dos puntos y un asterisco. Un beso. Miré a mi chico y percibí todo lo que sentía por él. Noté que lo amaba más de lo que imaginaba y sobre todas las cosas. Respondí sólo con el emoticón de una sonrisa. “Lo siento” –quise decir. “No puedo corresponderte”. Pero no. Sólo la sonrisa. Supuse que él sabría interpretarlo y que regresaríamos al silencio, con un ocasional “cómo te va” de cortesía, alguna vez entre un “buenos días para ti, buenas noches para mi”, mensajes de 140 caracteres y efímeros como lo son en una time line.

That’s life, I guess.

Volver a empezar

 

Dejé de memorizar tan bien desde que comencé a googlear mi tarea. Dejé de aprenderme los números de teléfono de mis amigos y familiares para confiar en la memoria mini SD de mi celular.

No sé cómo pasó. De repente me encontré en un punto sin retorno, donde un mosquito me picó (y para esto olvidé si era picar o morder y otra vez ahí: san google) y no salió sangre. Dejé de tomar leche porque dos veces me serví un vaso y ya estaba pasada. Dejé de soñar por tener miedo y de escribir porque creí que no habría oportunidad para mi.

Un día dejé de tener miedo y pensar en ello; me entregué simplemente a la última sensación que me quedaba: el contacto de las teclas con mis dedos. Los clics me devolvían la vida, la sonrisa (aunque fuera parsimoniosamente).

Tuve que volver a empezar: encontrarme conmigo misma, saludar a los demonios, enfrentar a las cuestiones que a veces no me dejan vivir. Y es que muchas veces creo que la estupidez es la forma más fácil de ser feliz. Ya saben, lo de el ignorante feliz, el sabio infeliz.

Frústrenme pero aquí sigo, confiando en que el algo para lo que nací está hecho de tinta. Y así será. Si no, intentaré ser otra cosa… en otra vida. Esta ya no. Definitivamente no.