Sie ist wie sie ist.

Sie hat zwei Namen; ein Name ist fast nur für Freunden und Bekannten und der andere Name für die Familie. Sie hasst Gemüsen und das einzige Obst, das sie essen kann, wird sie krank. Sie träumt viel: von einer besten Welt, von vielen Romanen zu schreiben…

Ich soll sagen, sie ist auch -ein bisschen- verrückt. Als sie Kind war, hat sie gedacht, dass die Sternen die Tönen der Grillen machten…

Sie ist stark mit aller, aber sie ist wirklich emotional. Zum Beispiel, machmal weint sie mit den Films, natürlich, mit den guten Films. Sie ist auch Freak.

Sie hat gute Freunden, die sie mit den Fingers nummerieren kann, aber sie sind Personen, bei der sie alles tun würde. Aber manchmal hat sie Angst der Leute, weil sie manchmal verletzt worden ist.

Sie fragt sich oft, “was würde passieren, ob ich “normal” wäre?” Aber sie hat sich es vieles mal geantwortet und die Antwort schreckt sie.

Sie kann 15 Stunden schlafen oder 32 Stunden wach bleiben. Sie kann Espresso ohne Zucker trinken, vielleicht weil sie von innen sehr süß ist. Sie glaubt an “Nur die Leute, die sehr verrückt ist als für denken, dass sie die Welt ändern können, machen es!”

Ich soll eine letzte Sache sagen. Sie wiegt ca. 51 Kg. Aber jetzt wiegt sie 50,750 Kg. Warum? Also… Haben sie sich nie gefragt, wie viel es wiegt ein Herz?

Sie ist wie sie ist. Und sie ist glücklich… jetzt mehr als nie.

Ah… und jetzt auch ist sie nur für jemanden.

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Cuando los finales trágicos son olvidados.

Sus cuentos tenían siempre finales trágicos. Ella los consideraba hermosos y hasta felices, sí, realmente se alegraba cuando los escribía y luego, leía. Los demás lo consideraban perverso, hasta insano, algo chiflado y por qué no, depresivo.

Siempre andaba con los audífonos puestos, excluyéndose por voluntad propia del mundo común y se transportaba a su espacio personal, a veces gris, a veces negro, nunca RGB.

Amaba la oscuridad, pero siempre tenía encendida una vela. Decía ella que porque le gustaba que la pequeña llama intentara alumbrar algo tan inmenso e imposible, pero que aún así, lo intentara. En el fondo, creo, era pirómana.

También era melodramática. Y exageraba un millón de veces querer ser normal, pero el brillo de la locura le perseguía e impregnaba su persona, desde el caminar por la calle cantando canciones en alemán, hasta el estar tumbada con las tortugas del lago junto a éste.

No comía frituras pero adoraba los postres y  bebía espresso doble sin azúcar. Muchas veces comía pastel de chocolate con joghurt de fresa, porque le encantaba el contraste de los sabores. Ah… también escribía joghurt con „j“, su letra favorita.

No tenía alergias, pero el Sol le escorcía la piel hasta sangrar.

Regresando a sus cuentos, encontraba la belleza en la muerte y la tragedia. Era imperturbable. Una vez se cortó el dedo al abrir un joghurt… El corte le produjo una extraña sensación, un cosquilleo que le agradó aunando a que brotó la sangre, su segunda bebida favorita después del agua de limón. Tomó el cuchillo y repitió los cortes en todos los dedos. Al día siguiente, mientras escribía, transmitió todo ese cosquilleo doloroso de cada vez que pulsaba una tecla en su cuento, el número 57 de su obra titulada „Morir 100 veces“ que mostraba las más diversas, curiosas y hasta excéntricas formas de encontrar el fin.

Un día, de esos que uno ni se imagina, encontró el amor. Fue lentamente, claro está. Y bueno, al final terminó enamorada. Pesaba un puño menos, pues había otorgado completamente su corazón.

Una noche, escuchó una canción y las lágrimas le brotaron inmediatamente. Ella, confundida, sólo sentía una opresión en su garganta y la dejo salir. Lloró quizá como media hora sin cesar. Esa misma madrugada escribió su cuento 99, donde la protagonista moría ahogada de llanto.

Pero el cuento número 100, fue tan normal, que rompía con toda la obra. Las palabras, sutiles, nada locas, ni oscuras, mucho menos trágicas, narraban la historia de dos personas que se amaban. El relato no tenía final en sí.

Y es que ella quería escribir ese final, por primera vez, sin ese „estilo“ de sus otras creaciones. El primer final feliz, que ni era final, porque uno no sabe cuándo se le va a acabar la vida. Comenzó a creer que, si el mundo se enamorara, sería un lugar mejor. Las personas lucharían por hacer las cosas bien, en vez de desear riquezas o poder.

Siguió su vida como cada día, caminando con los auriculares puestos y cantando en alemán, comiendo postres con joghurt de fresa, cortándose al abrirlo, cortándose los dedos, escribiendo con dolor, haciendo cuentos bizarros de finales extraños… Pero qué importaba. La historia que a ella le interesaba, era tan feliz, que necesitaba su „tragedia-ficción“ como ella la llamaba.

„El cielo es un lugar en la tierra contigo“. Y se acostó a dormir, aún con las lágrimas en los ojos por aquella canción, los dedos moratados de las  heridas, el pecho ligero sin corazón y un beso en la frente, imaginario, lejano, de palabras y entonces más real que cualquier cosa en el mundo.

Creer

Creer es, quizá, el sentimiento más fuerte que existe después del amor. De ahí viene la fe y todos sabemos cuántas cosas han ocurrido en el mundo en nombre de ésta. No es lo mismo que confiar. Son primos, sí, como el amor y el querer. La intensidad es lo que hace la diferencia.

No es fácil creer. Muchas veces ni siquiera podemos ver las cosas o palparlas y es ahí cuando realmente las sentimos difíciles. La inocencia de los niños permite creer aún en esas situaciones. Pero crecemos, nos hacemos conscientes de la condición humana y sus alcances, entonces tememos y no podemos creer. Creer en un mundo mejor, creer que la persona que está a lado de nosotros no nos hará daño, creer en el amor.

Aquí, mi paréntesis personal. Entiendo que una relación no va a ser siempre miel sobre hojuelas. Y cuando de por medio está el océano atlántico, bueno, qué puedo decir. Pero creo en esto. Y en él. Más que a nadie en el pasado y que en cualquier otra situación del presente.

No será fácil. Lo sabemos, debemos ser realistas. Pero mientras los dos creamos en esto, todo puede suceder. Alguna vez Steve Jobs creyó en sus sueños y logró cambiar el mundo como lo conocemos con sus grandes creaciones, haciendo de Apple más que una empresa, un estilo de vida.

Existen miedos, algunos infundados por las situaciones que he vivido y otro más, por la incertidumbre del destino. Ahora mismo debo buscar un trabajo, terminar mi semestre, seguir con la novela, buscar una editorial, aprender más alemán, certificarme en B1, mejorar el inglés, ver lo del servicio social, checar cuántas materias tomaré el siguiente semestre y que sean en un horario que me permitan hacer todo lo anterior en la lista, al mismo tiempo. Quizá también juegue al fut.

Ahora mismo disfruto uno de mis últimos domingos tranquilos. Viene una semana muy intensa. Y si no es así, un semestre que apenas me dejará tiempo para dormir y comer. Es parte de crecer. Si quieres algo, debes luchar por ello. Yo quiero luchar por esto porque si bien, he creído en cosas y personas muchas veces antes, esta noche y las que vienen, creo en el amor.

Habiendo dicho esto, sólo me queda agregar que creo firmemente en que regresaré.