Veracruz en psicosis

 

Veracruz en psicosis

 

Callar o hablar. Creer o desconfiar. Saber o suponer. Estos actos se han vuelto cotidianos en la vida de la sociedad de la zona conurbada Veracruz-Boca del río. Pero el jueves 25 de agosto, las cosas llegaron a un punto sin retorno, una muestra de que lo que sucede aquí ya no es tolerable, una muestra de verdadero terror. De psicosis.

¡Ese helicóptero está volando bajo!

Durante la madrugada del jueves 25 de agosto los helicópteros de la marina estuvieron sobrevolando al puerto veracruzano, hecho que a pesar de ser ya ordinario, nunca deja de pasar desapercibido. Sin embargo, cerca de las 9 de la mañana se seguían escuchando y divisando helicópteros de las fuerzas armadas, surcando los remanentes de paz con sus motores y hélices. Volaban bajo. Un par de éstos vehículos aéreos pasaron muy cerca de Plaza Acuario. Unas horas más tarde, uno de ellos sobrevoló el Ilustre Veracruzano, ubicado entre Ruiz Cortínez y  Reyes Heroles; incluso parecía que fuera a aterrizar ahí, sin embargo se retiró minutos más tarde.

Y entonces, la psicosis.

Los alumnos de la Universidad Veracruzana campus mocambo fueron retirados, pidiéndoles que regresaran a sus casas y se resguardaran. Las líneas de teléfono se bloquearon, era imposible poder comunicarse con familiares. Nextel, telcel, movistar, telmex… todas colapsaron.

Había confrontación en las redes sociales, pues mientras algunos decían que todo había sido un rumor iniciado en éstas, de supuestos „terroristas informáticos“ que amenzaron con atacar escuelas. Los medios „oficiales“ apoyaron esas declaraciones, argumentando que todo era un rumor, que sí había clases y que no pasaba nada.

Pero sí pasó.

Desde el estacionamiento de la Universidad Veracruzana se pudo escuchar con claridad dos disparos de arma de fuego y al instante gritos de estudiantes, provenientes del Ilustre Veracruzano.

Pero la gente daba por hecho en las redes que todo era falso, que se había creado una psicosis colectiva. Aquí, los puntos: primero, instituciones de educación superior no retiran a los alumnos nada más porque sí. Lo hacen porque reciben llamadas oficiales que les indican dicha medida. Por ejemplo, la Universidad Veracruzana, la Universidad Cristóbal Colón o la Universidad de Oriente. No obstante, medios como telever o xeu radio desmentían que estuviera sucediendo algo en Veracruz. Otra cosa, no todos los padres de familia tienen acceso a internet o saben usarlo. Es decir, no todos los papás que fueron a buscar a sus hijos estaban en Twitter revisando hahstags pretensiosos a ver qué decían.

Algo, de verdad, sucede aquí.

Este jueves inédito en Veracruz muestra también una crisis de información. Tanto de los medios que no informan, como de pobladores que se creen informantes. Muchos se preguntan ¿qué es mejor? ¿Están bien los medios al no „cooperar“ con el terror colectivo? Pero cuando las cosas de verdad suceden, cuando se escuchan disparos, cuando cada hora se pueden contar 2 o 3 helicópteros sobrevolando, entonces de verdad ¿no está pasando nada?

La gente muchas veces tiende a creer sólo en lo que ve. Ahora hay rumores de todo tipo que no se pueden confirmar, como que secuestran niños en helicópteros, que secuestraron a tantos en una escuela, o que ya colgaron otra manta en el puente de la amistad de Boca del Río, etc. Otros son más confirmados, como suspensiones u operativos. Pero escuchar los disparos y gritos de los estudiantes, es algo que difícilmente puedes borrar de tu memoria. Y cuando lo vives, no lo dudas.

Veracruz, zona de guerra.

Los estudiantes foráneos se van antes, pues están más seguros en sus ciudades que pasar el fin de semana en el puerto. Mientras tanto, los jóvenes que estudian medicina y odontología, a quienes comúnmente podemos ubicarlos por su bata blanca, han dejado ésta guardada en casa. Una de las últimas medidas para sobrevivir aquí es que si estudias algo de eso, vayas a clase sin uniforme, para evitar que alguno de ellos sea utilizado por los criminales para curar a sus heridos.

Los padres de familia van a buscar a sus hijos, incluso hasta de preparatoria o universidad. La desesperación de no poderse comunicar hace los trayectos más tormentosos.

Un chico sube a un taxi abrazando a otro. Enfrenta una crisis nerviosa. Se cubre la cara, llorando. El taxi arranca.

En la radio dicen que todo es mentira. En twitter algunos se burlan de otros, dejando en claro que la ignorancia siempre sale a relucir en muchos, o que el miedo puede tomar formas tan abstractas de expresarse.

Hasta las 3 de la tarde, muchos twitteros sigen dándose de tumbos y comentarios entre ellos. Las posturas son: rumores por mal uso de un HT o que se oculta la información de lo que en verdad pasó. Mientras „una mentira repetida mil veces se convierte en verdad“ está por otro lado que „el gobierno dice que no pasa nada cuando sí hay disturbios“.

Pero todos sabemos que las cosas no están bien aquí. La seguridad ha hecho maleta y se ha ido de viaje y nadie sable cuándo regresará. Tal vez sea sólo una mala racha para el puerto, pero también puede ser apenas el principio de algo muy complicado, largo y salpicado de sangre.

La palabra del día en Veracruz es „Terrorismo“. De los que iniciaron el rumor, o de los que ocultan los enfrentamientos. ¡Claro! ¡Todo está tranquilo! Ergo (por lo tanto) los helicópteros de la marina sobrevuelan Veracruz sólo por diversión y las patrullas salen a las calles nada más para que no se „echen a perder“ estacionadas.

Sin embargo, a la gente le gusta vivir con una venda en los ojos, una mano adelante y otra atrás. Siguen creyendo en la televisión y estaciones compradas. Siguen burlándose de sus conciudadanos. Siguen alegrándose de no ir a clases sin entender la magnitud de la situación.

Ahí tienen su estado.

Medidas

A las 2:52 PM a través de su cuenta en Twitter, Duarte de Ochoa declaró lo siguiente: Ya tenemos ubicado el origen de toda la desinformación de hoy, quiero informar q esto tendrá consecuencias legales Art. 311 (terrorismo) (sic).

Y toda la movilización en la ciudad, fueron entonces visiones…

La verdadera tormenta que se avecina

La verdadera tormenta que se avecina


@VicereineOezil

 

El domingo 21 de agosto por la tarde, el gobernador del estado de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa, declaraba vía Twitter que se suspendía el inicio de clases en una veintena de municipios por la tormenta tropical „Harvey“, casi anunciado como si de huracán se tratase. Poco menos de media hora más tarde, la medida se extendía a todos los municipios de Veracruz, reprogramando el regreso de los estudiantes veracruzanos a las aulas para el martes 23 de agosto.

 

El lunes por la mañana el sol bañó el puerto de Veracruz. Y la sangre, como ya se ha vuelto costumbre, también. Mientras que el día martes, un cielo nublado y ocasionales chubascos recibieron a los niños y adolescentes que iniciaban el curso escolar 2011-2012.

 

¿Era necesaria la suspensión? La pregunta correcta sería ¿qué sucedió?

 

La conclusión a la que una buena parte de la ciudadanía ha llegado es a que se trató de una medida implementada por las supuestas amenazas del crimen organizado de que el día lunes atacarían escuelas.

 

Sin embargo los enfrentamientos armados en la ciudad de Veracruz siguen estando a la orden del día, con un saldo de víctimas de hasta ahora 170 y creciendo, puesto que el martes 23 de agosto se suscitó otro deceso en la zona centro de la ciudad, cerca del Baluarte de Santiago y las instalaciones de la rotativa de Notiver.

 

Los convoys de soldados custodiando blancas camionetas blindadas son ya comunes de ver. Lo decepcionante de la situación que se vive en la ciudad es que los medios masivos locales, ya ni mencionar a los nacionales, hacen como si en Veracruz nada pasara.

 

Mientras que el gobernador niega que la violencia se haya incrementado, afirma por otra parte que los delincuentes ya estaban aquí. ¿Aquí desde Fidel Herrera? El hecho de que aumentasen los operativos, y por ende los enfrentamientos ¿no son sinónimos de violencia entonces?

 

Veracruz va coleccionando lo peor de las situaciones que han marcado la vida del país: inseguridad para las mujeres, como en Juárez; calles vacías por las noches, como en Tampico; granadazos contra la población como en Morelia.

 

Los marinos van llegando a la ciudad. Se habla incluso de que se está estableciendo una base de éstos para combatir a los criminales.

 

De lo que no cabe duda es del temor que se ha enraizado en la población local. Los padres de familia temen por las amenzas de que por cada criminal caído se levantarán estudiantes. SIn embargo la información proporcionada por las instancias oficiales pecan de ingenuas al asegurar que casi siempre mueren los malos, y pocos o ningún civil.

 

La granada que se lanzó aquel domingo en las cercanías de Plaza Acuario dejó cicatrices sin precedentes en la imagen del puerto, pues se celebraba a la vez el Festiver, un fracaso total de una administración que hasta el día de hoy nada ha declarado sobre la situación de riesgo que viven los porteños, la cual a diferencia de la farsa que resultó „Harvey“, se incrementa día a día. Ésta, la verdadera tormenta que se avecina.

 

Pero ya saben, en Veracruz no pasa nada.

 

Los payasos no deben llorar

Cuento corto. Escrito por @VicereineOezil

 
Los payasos no deben llorar
 

I

Se abalanzó frente al parabrisas apenas se puso en rojo el semáforo. El dueño del coche frunció el entrecejo enojado y emitió un „no“ mudo. Para su sorpresa, el chico no vertió jabón en el vidrio con su botella, si no pequeñas bolitas de unicel, que al hacer la mímica con su mano, como si se tratase de limpiador, desaparecieron.

El señor se sorprendió, pero no emitió sonrisa alguna. Se limitó a mirar de manera desdeñosa y apenas se marcó el siga, arrancó.

El chico se reunió con los otros, repitiendo su inocente acto hasta que cayera la noche, cuando veían con tristeza que lo que habían juntado apenas y les alcanzaría para las tortillas.

Se repetía a sí mismo „el viejo me va a matar“. Mientras caminaba de regreso a la pocilga donde vivía, maltratado por su padre e ignorado por su madre, una camioneta negra se detuvo a su lado. Era último modelo, negra y brillante. Ya saben, „bonita“.

La ventanilla polarizada se bajó hasta la mitad, suficiente para que el que conducía pudiera observar al niño, pero éste a él no.

Le ofrecieron un trabajo, uno bien remunerado. Y un escape seguro de sus malvados progenitores, obviamente. Se trepó a la vatea y le dieron un Mc Menú del día, con todo y papas y refresco.

Se enfilaron hacia los límites de la ciudad, sólo tenía que entregar un paquete, o algo así había entendido. ¿Qué importaba? Ya no tendría que soportar los golpes, los insultos, ni el hambre. Mucho menos las violaciones de los extraños a los que su padre ofrecía por dinero y a veces incluso, por diversión. No, ya no. Sabía qué eran las personas que lo habían recogido y esperaba algún día poder ser como ellos, con sus camionetotas y fajos de billetes, siendo temido y habiéndose vengado de todos los que le hicieron mal.

La hamburguesa calmó su hambre, pero su odio seguía allí. Llegaron al destino. ¿Sólo tenía que entregar el paquete, no? ¿En la puerta de la esquina, cierto? „Sí, sí“ le contestaron con muina los tipos que conducían.

Bajó y caminó despacio, como le habían dicho, sin apresurarse, sin correr, que nadie lo viera. Invisible, sí.

Se escucharon disparos. Los de la camioneta respondieron el fuego, pero fueron acribillados. Estaba confundido. Veía soldados, pero también veía otros vehículos de lujo. ¿Quién era quién? ¿Quién estaba contra quién? Llegaron más unidades, refuerzos de los hombres que lo habían recogido.

En el cielo brilló una granada.

II

¿Por qué nadie podía entenderlo? Se preguntaba eso una y otra vez mientras sus compañeros se reían incansablemente de él. Ahí, parado frente a todos, con maquillaje blanco y negro, camisa monocromática de rayas y rostro inexpresivo, miró cómo ella se alejaba apenada entre la multitud.

Después de que el timbre sonara, le alcanzó a ella en el camino. Pero no iba sola. Por el rostro de él aún escurría maquillaje blanco, lo cual la chica observó con cara de asco. Que si no se cansaba de hacer el ridículo, le dijo. Que ella no iba a soportar una humillación más. Pero cuál humillación, decía él. Ser mimo era un arte. Y también era divertido. No pretendía serlo toda la vida, asistiría a la universidad a estudiar medicina, era sólo un pasatiempo.

El tipo con el que iba caminando ella, se le abalanzó. Diferentes en proporción, el primer golpe le rompió la nariz y el segundo le tiró al suelo. Una patada le sacó el aire, luego de otras más, sangre.

La gente que pasaba por ahí, miraba sin interés al joven que yacía en el suelo. Un mimo que parecía más bien alguien muy pálido, pero que lo que seguramente ocurría era que se le estaba cayendo el maquillaje por el terrible calor de ese día. Parecía que dormía. ¡Vaya que los artistas de ahora ya no tenían creatividad! Simular que duermes no tiene ninguna gracia, cualquiera podía hacerlo. Esperaban que fingiera jalar una cuerda, pero no, dormía. Tal vez era un vagabundo… sí, lo más seguro era que estuviera ebrio.

Lo extraño era esa mancha roja de sus ropas.

III

Sarah siempre le tuvo miedo a los payasos. Arlequines, bufones, lo que fueran. No soportaba esos rostros falsos, las pelucas de colores… pero sobre todo esas miradas, que parecía encerraban un mal disfrazado de alegría.

El tick tack del reloj la regresó al mundo. Cerró el libro que leía y salió del campus universitario para tomar el camión con destino a su casa. Vivía en otra ciudad y llevaba a cabo esa rutina todos los días, de lunes a viernes y desde hace 3 años. Uno más y estaba fuera.

Tras unos 20 minutos en el camión, éste se detuvo y ella abrió los ojos horrorizada. Zapatos gigantes, ropa ridículamente confeccionada, peluca de colores psicodélicos y esa maldita nariz roja.

-Buenas tardes, tengan todos ustedes y les deseo de todo corazón. Trato de ganarme la vida honradamente en vez de asaltar, aunque me gustaría robarme un par de sonrisas.

Un hombre joven vestido de payaso comenzó su monólogo, aprendido de memoria con rigurosa exactitud. Era joven, su voz, cuerpo mirada dejaban unos 23 años de vida, pero a la vez, denostaban la madurez con la que lo había tratado.

Sarah se apresuró a subirle al máximo el volumen al reproductor de música y cerró los ojos.

-Ahora les pido una moneda si les ha gustado, acepto joyas, relojes, tarjetas de crédito -bromeaba el payaso- y si no tienen, regálenme una sonrisa. Pero nada más no vayan a sonreír todos porque me muero de hambre.

El camión se detuvo de golpe. Sarah cayó de su asiento y fue a dar al estrecho pasillo. El metal frío golpeó con fuerza su mejilla. No tenía ni idea de lo que sucedía.

Se oyeron ráfagas de disparos, de armas de grueso calibre al parecer. La gente gritaba, los vidrios se rompían con estruendo por los impactos. Vio algunos cuerpos sentados y charcos formados de sangre que goteaba de los asientos y se escurrían hasta ella.

Instintivamente miró por la ventana: en el cielo brilló una granada. El estruendo sacudió al camión y un par de autos cercanos estallaron en llamas. Se repitieron las explosiones y no cesaban los disparos. Un joven se arrastró hasta ella, traía la peluca de lado, la cual terminó de despojarse cuando estuvo a su lado.

-¿Estás bien? -Susurró a Sarah.

-Sí… -Balbuceó ella y lo abrazó.

Helicópteros sobrevolaban la zona. Se escucharon los amarres de llantas, al parecer de vehículos que huían del lugar. Después de un tiempo incalculable, que pudo haber sido sólo minutos o tal vez horas, un policía entró en el camión.

Bajaron Sarah y Nathan, como él le había dicho que se llamaba, además de que estudiaba psicología y se apoyaba como payaso de camiones para pagarse los estudios, entre otras cosas que le había dicho para tranquilizarla mientras ocurría el enfrentamiento afuera.

IV

¡Entérese usted! ¡Entérese usted! ¡Compre el diario „El informante“! ¡15 muertos en enfrentamiento en el norte de la ciudad! Señor, ¿va a querer uno? Son 7 pesos.

Desdobló el diario en lo que duraba el alto del crucero, el cual sabía duraba un buen rato. La nota decía:

„Grupos armados se enfrentaron la tarde de ayer en conocido fraccionamiento del norte de la ciudad. El saldo fue de 15 personas muertas y 7 heridos, dos de ellos sumamente graves por heridas de bala, siendo trasladados al hospital regional por elementos de la cruz roja. Entre los heridos, se encontraba un niño que presuntamente colaboraba con el crimen organizado, pues cerca de él estaba un paquete con 3 kilos de cocaína.

El niño, al parecer en situación de calle, perdió un ojo por la explosión de una granada, lanzada presuntamente por uno de los grupos criminales.

Fuentes extraoficiales señalan que entre los muertos hay civiles y que el enfrentamiento  comenzó por parte de elementos del ejército, quienes abrieron fuego contra sujetos a bordo de una camioneta negra de lujo, los cuales respondieron la agresión, siendo también atacados por una célula rival, minutos después.

Sobre esto el gobernador señaló que los únicos decesos fueron de criminales y que la población civil estaba a salvo, pues ol operativo „Estado próspero“ tenía como finalidad asegurar a los ciudadanos del puerto…“

En el auto de enfrente un niño fingió lavar el parabrisas. Con sus manos simulaba limpiar el vidrio con jabón, que realmente eran bolitas de unicel que se iban con el viento. Quien conducía extendió la mano y le dio 3 pesos. ¡Vaya! Al menos era algo.

Pero el niño no sonrió. Se limitó a mirarlo con el ojo bueno, mientas que su boca expresaba una sonrisa pintada a la fuerza, falsa, sobre una mueca de tristeza. Una sonrisa verdaderamente melancólica. Los coches se fueron, él regresó a la acera mientras sus hermanitos se acercaban. Se abrazaron. Nadie lloró, en solidaridad a él, que ahora sólo podía hacerlo a medias, como la vida que llevaba.

La luz ámbar iba advirtiendo a los conductores que se detuvieran. Los niños corrieron a hacer su acto invisible, tan invisible como lo era su existencia y su dolor prohibido para la sociedad.

Los supuestos de la vida


Escrito por @VicereineOezil

Vivimos a medias. Dejamos que muchas de las decisiones que debiéramos tomar, se resuelvan por medios ajenos a nosotros.

Muchas personas no se esfuerzan más porque creen que entre más deseen, más difícil es y también si falla, es más doloroso. Le tenemos miedo al dolor, a la soledad, a la incomprensión. Dejamos de ser quien queremos ser para encajar con los demás; nos esforzamos más por demostrar a los otros que somos felices, que a nosotros mismos.

Esa pantalla nos aleja del mismo racioncinio. Simplificamos la vida, vivimos „como cerdos“. Pero luego la rutina nos mata. Logramos la vida sencilla y monótana que siempre deseamos, para no arriesgarnos a sufrir, que terminamos de todos modos sufriendo.

Entonces esa comodidad es relativamente corta. En cambio quien siempre está pensando y por lo tanto, muchas veces cayendo, llega a un momento en el que el conocimiento lo motiva, pues ya sabe vivir, sabe sufrir y por lo tanto, ser feliz y disfrutar.

Para muchos, el crecer, terminar su carrera si acaso, tener un buen trabajo, una pareja y familia es la máxima realización. El que piensa más allá, se arriesga en una aventura casi individual, pues las aves que vuelan alto no vuelan en parvadas. Y en varias ocasiones deben sacrificar una parte de la felicidad momentánea para la felicidad posterior, pero es entonces cuando los logros saben más ricos,

El orden de esos logros cambian, incluso no se obtienen todos juntos o tan fácilmente que el del que no piensa, y nos referimos a pensar a la reflexión profunda de la vida, no al proceso normal humano.

Al final, el „loco“ deja todo en el intento de vivir, haciéndolo más intenso, disfrutando de cosas que incluso él nunca se imaginó. El otro habrá vivido normal, cumplido su ciclo natural y después de algunas generaciones, olvidado. El que hace de su vida una reflexión, un reto, habrá trascendido.

Sólo aquellos que están lo suficientemente locos para creer que pueden cambiar al mundo, lo logran. Al menos, soy una loca más feliz que Nietzsche.