Theatre of Tragedy Last Curatin Call

Last Curatin Call

Este es un pequeño adelanto del DVD final de la banda noruega Theatre of Tragedy.

Inmuno

Hay de rachas a rachas. Creo que las más fuertes son las que tienen que ver con la salud ¡y en vacaciones!

En fin y como sea, he pasado por una y eso me ha bastado para alimentarme bien, dormir lo necesario y no estresarme.

A veces sucede que queremos hacer una y mil cosas. En ocasiones tenemos el tiempo, pero no las ganas. Simplemente resulta que no sabes qué hacer o decir, la cama te tienta a dormir toda la mañana y al atardecer el día ya casi se ha acabado. Y luego te la pasas diciendo “mañana lo haré”.

Leí en un “Selecciones” de por ahí que a veces es bueno obligarnos a hacer las cosas que deberíamos; es decir, si tienes un trabajo, tarea, proyecto lo que sea que tenga que hacerse, te pongas una especie de presión para cumplirla. Puede que funcione…

Ahora mismo la cama me tienta y todos tintes intelectualoides se van a mis pestañas.

Así que mejor dejo la máquina y veré qué me invento.

4. No me olvides

Sudaba. El escritor apagó la luz del estudio y se dirigió a dormir. Se sentía un poco mejor; escribir siempre le hacía bien.

Una vez que entró a la cama, cayó rápidamente en un profundo sueño. Quien le viera por fuera, podría notar cómo se sacudía entre las sábanas hasta que luego de una hora se despertó súbitamente y con la cara empapada de lágrimas.

Tanteó a ciegas el buró hasta encontrar su bloc de notas a rayas y cogió la pluma fuente que estaba a lado. Y así, en medio de la noche  y como siempre, solo, escribió.

4. No me olvides

– Prométeme que nunca, nunca, nunca te alejarás de mi.

– Lo premeto.

– Y si alguna vez llegas a sentir algo por alguien más, por favor, dímelo.

– No.

– ¿No? -Ella puso una expresión consternada en su rostro.

– Es que eso es imposible. -Le calmó él-. Porque nunca podré enamorarme de nadie más que tú.

Pero los caminos de ambos jóvenes debían separarse. Sus metas profesionales los obligaron a vivir en ciudades muy lejanas. A pesar de todo el amor que se tenían, no fue la distancia lo que les derrumbó. Fue el orgullo.

Con el paso del tiempo, se entendían cada vez menos. Él, cegado por ocupar una posición entre sus compañeros y sobrevivir a su carrera, y ella en la búsqueda de un lugar en la universidad que deseaba.

Cuando llegó el tiempo de que ella también fuera a la universidad, todo acabó. Luego de tres años, la magia se había apagado. Es falsa la idea de “quedar como amigos”. Fue como si uno nunca hubiera existido para el otro.

Y cada quién volvió a empezar con su vida.

Pasó el tiempo; año y medio exactamente. Ya no eran los niños que peleaban por tonterías, eran jóvenes que descubrían el mundo con una visión profesional. No se habían visto en años. Así que una noche, ella le envió un mensaje saludándolo y proponiéndole un café, puesto que ambos estarían unas semanas de vacaciones en la pequeña ciudad donde habían crecido.

Cuando él leyó eso, algo dentro de su ser se removió. Su orgullo le dijo “no”. Su alma, que la había amado como a nadie nunca, le gritaba “Sí”. Tras pensarlo toda la noche, respondió.

-No, gracias. No creo tener tiempo.

No hubo respuesta. Y eso le remordió un poco el corazón al chico.

Luchando contra sí mismo, dejó el orgullo en su habitación y salió al lugar donde ella le había dicho si quedaban. Casi era la hora. No estaba seguro si ella aún así iría, pero conociéndola, sabía que estaría ahí.

Efectivamente, la chica estaba sentada, bebiendo café y con una mirada profundamente nostálgica y cargada de tristeza. Un largo suspiro terminó por completar la escena.

Él no pudo contenerlo más y gritó su nombre.

Ella lo vio.

Una sonrisa iluminó su rostro.

Corrió en dirección a él.

La luz del semáforo se iluminó en verde.

Cruzó la calle.

Un auto frenó ruidosamente.

Estrépito.

Un parabrisas roto.

Una chica en el pavimento.

El joven con el corazón desbocado, destrozado y saliéndole por la garganta, lloraba mientras corría hasta donde yacía ella.

– Mi orgullo. Maldito orgullo. Perdón, perdón, perdón.

– A pesar de tu orgullo, siempre te amé. -Susurró pesadamente ella.

– Vas a estar bien, tranquila, confía en mi.

Alguien ya había llamado a una ambulancia.

– Sabía que vendrías. Te conozco.

– Lo sé, perdón, perdón. -Repetía él-. Yo también te conozco.

– ¿Sabes? Era extraño que alguna vez supiéramos tanto el uno del otro, y de repente nos tratáramos como si fuésemos dos extraños. -Dijo ella con añoro.

– Pero siempre sabía que pensabas.

– Stalker.

– Nunca te olvidé. ¿Recuerdas cuando me preguntabas que si me enamorara de otra persona, te diría? Nunca te lo dije porque nunca sucedió.

– Mentiroso. -Dijo ella con suavidad-. Te volviste a enamorar.

– No. Y tú tampoco.

– Cierto. Nunca te olvidé.

– Ni yo a ti.

– Entonces, querido, no me olvides. Te amo.

Los ojos del joven se abrieron desorbitados, las lágrimas no dejaban de caer.

– ¡No! ¡No! ¡No! No te vayas, no ¡Por favor! ¡Resiste! Ahí viene la ambulancia… por favor… Ale… por favor… ¡NO!

A pesar de la sangre que le chorreaba por los oídos, la boca y la nariz, ella parecía tan dulce con los ojos cerrados y tenía un extraño semblante de paz.

¿Olvidarla? Desde el día que sus miradas se cruzaron, se prometió que nunca lo haría.

Siempre la amaría.

3. Tal vez

3. Tal vez

Tal vez, y sólo tal vez, tú no seas para mi.

Una estrella se asomaba en el horizonte todo azul, como el cielo, de modo que éste parecía una extensión del mar. La joven caminaba junto al muelle, en la orilla y muy cerca del agua. En otros tiempos se habría sentido nerviosa, puesto que no sabía nadar, ni siquiera flotar. Pero a pesar de que su endeble figura era objeto de vaivén del viento, que amenazaba con arrojarla a las frías aguas, no se apartó de la orilla.

Sólo pensaba en lo feliz que se sintió cuando le conoció. Aunque no quería, se había enamorado. ¡Y de qué forma! Puesto que casi no le conocía y había sido más bien amor a primera vista. Pero el desengaño le dolió aún más.

Destinada a estar sola, se figuraba. Ella no era la estrella de nadie. Simplemente era una vela que se apagaba con su propia cera.

Esa mañana había cometido una pequeña locura. Le dejó un mensaje en el que expresaba todo su sentir. Pero no había recibido respuesta. Así que había salido a caminar un poco, algo arrepentida por ese impulso.

De repente, tropezó con una baldosa que sobresalía del suelo y el azote del viento contribuyó a que terminara de perder el equilibrio. Rodó a la orilla y cayó al mar.

Con desesperación, intentó patalear y mantenerse a flote, pero era imposible. No sabía cómo hacerlo y su desesperación no le permitía concentrarse.

Sintió pasar la vida frente a sus ojos. De hecho, así fue. Perdía la conciencia, pero su último pensamiento coherente fue “¿está sucediendo en realidad?”. Se dejó llevar, cerró los ojos y se hundió en el mar.

Abrió la boca para sacar el aire que tenía, que llegó a la superficie formando burbujas. Sus burbujas de vida. Los pulmones se le llenaron rápidamente de agua, su cuerpo pedía oxígeno y se retorcía en una muerte esperada. Tras unos minutos, el acto estaba consumado.

Días después, un cuerpo flotaba livianamente en las aguas del muelle. El golpe de las olas lo arrojaron hasta la orilla, donde unos marineros lo encontraron y lo sacaron a la superficie.

En su bandeja de entrada, ella tenía un mensaje importante. Él le respondía con amabilidad que se sentía halagado, pero que no podía corresponderle.

Tal vez no hubiera cambiado nada el que ella hubiera visto el mensaje, porque él nunca sería para ella. Y tal vez, sólo tal vez, ella sentiría un dolor semejante al agua llenándote los pulmones.

Der Himmel über Veracruz

Alle Bilder wurden für mich fotografiert.

Vicereine Stfeir / 2011

“Der Himmel über Veracruz”

Bilder des Himmeln in Veracruz, Mexiko. Sonnenaufgang und Sonnenuntergang, Licht und Schattens.

Dieser ist unser täglicher Blick.

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Carta de Andrés Manuel a Televisa

C. CARLOS SALINAS DE GORTARI
C. EMILIO AZCÁRRAGA JEAN
Y A OTROS DUEÑOS DE TELEVISA

Me dirijo a ustedes para sugerirles, respetuosamente, que den la cara y no usen a sus voceros, como Carlos Loret de Mola, para atacarnos y defender su proyecto de imponer en el 2012 a Enrique Peña Nieto.

Como ustedes saben, sostengo que la actual tragedia nacional se debe, fundamentalmente, al predominio de un grupo oligárquico que se conformó al amparo del poder público, a partir de 1989, con el saqueo más grande de las riquezas y de los bienes de la nación que se haya registrado en la historia de México.

También considero que en la relación Televisa-Carlos Salinas recae la jefatura de esta mafia del poder que manda y decide en el país. Y, como es obvio, en estos tiempos su estrategia política consiste en darle continuidad al mismo régimen de opresión y privilegios, mediante una operación de recambio con miras al 2012. Es decir, como el PAN y Calderón ya no les funcionan, ahora la apuesta es al PRI y a Peña Nieto.

Por eso insisten en destruirnos políticamente con el uso de los medios de comunicación, con mentiras, campañas de desprestigio y guerra sucia.

Afortunadamente, somos muchos los que estamos decididos a derrotar, de manera pacífica, en el terreno político, a la oligarquía que ustedes representan para establecer en México una verdadera democracia, un gobierno del pueblo y para el pueblo, sin monopolios, cacicazgos ni corrupción, que distribuya con justicia las riquezas nacionales, enfrente la crisis de bienestar social y garantice la paz y la felicidad del pueblo.

Y como dice la canción: “Si este pueblo se organiza, no nos gana Televisa”.

Andrés Manuel López Obrador
Representante del
Movimiento Regeneración Nacional

SR. LÓPEZ OBRADOR ESTAMOS CON USTED EN ESTE CAMINO PARA CAMBIAR AL PAÍS.

ES UN HONOR ESTAR CON OBRADOR

Sterben hundertmal.

Ich will mich ein Hundert mal sterben.

Und wieder stehe ich mich auf.

Der gefährlichste eines Schriftsteller ist, dass er zuviel stirbt. Er stirbt für die Schönheit des Sonnenuntergang oder für die Bitterkeit eines Blick. Feigling oder mutig, er tut ihn nicht weh. Aber, wenn er kann, stirbt er ihn eintausendeins mal in seinen Wörter. Und die Wörter mit Blut sind tiefer. Dann stirbt es ihn wieder noch einmal, Zehn, Hundert, Tausend mal. Er spielt mit den Lebens, die sie nicht aufstehen können, und mit ihren Fatums, weil er das Gleiche mit ihm selbst nicht tun kann.

Er stirbt für ihn selbst und für Angst. Weil er das Leben liebt und würde er nicht über ihn selbst angriffen. Nicht wirklich. Aber der Tod endet mit ein bisschen ihn selbst, obwohl dieser literarische zu sein, nicht wörtlich. Dieser endet mit ein wenig seinem Leben, seinem Schmerz, seiner Seele und seinem Wesen. Mit seinem Weinen und seiner Gegrinses. Das hat seine Folgen, ja. Weil jede Persönlichkeit, die er in seinem persönliche Friedhof begrabt, sein Leben durchdrungen hat.

Aber ob er hundertmal stirbt, existiert er einhunderteins mehr.

Almendras amargas

El escritor había llorado con su última historia. Uno tiene que conmoverse a sí mismo para poder mover los sentimientos de los demás. Se concentró de nuevo canalizar lo que estaba viviendo en ese momento, luchando por no seguir los lúgubres ejemplos de su pluma.

 

“Almendras amargas”

 

Había amanecido como un día cualquiera. Y cualquiera pudo haber amanecido. No le importas al universo; es decir, éste nunca se detendrá por ti. Pero las personas sí lo hacen. Y también ellas pueden detener al mundo.

– “No entendemos por qué lo hizo”. -Comentaban entre sí los dos elementos ineptos que revoloteaban en el lugar de los hechos, los cuales veían qué se podían llevar.

Sin embargo el joven Matt no tenía mucho que ofrecerle a los buitres que custodiaban su cuerpo. Apenas tenía lo que un estudiante cualquiera. A excepción de su pequeño y hermoso piano, regalo de familia.

Uno de los policías presionó la tecla de “Do” que estaba a lado de la inerte cabeza de Matt. Se había quedado con los ojos abiertos y eso incomodaba a los presentes, que no podían mover nada hasta que llegaran los servicios forenses.

-No sé por qué no esperamos afuera. -Dijo uno de ellos-. Ese chico tiene una mirada perturbadora.

-¡Bah! Tenle más miedo a los vivos, compañero. Ya está muerto ¿qué puede hacerte? -Contestó de forma burlona el otro.

Éste último volvió a tocar las teclas del piano, esta vez, de Do a Do, haciendo que en lugar sonara una bonita escala creciente.

-¡Demonios! -gritó-. Algo me ha quemado los dedos.

A la mañana siguiente el mundo despertó. Y en las páginas interiores de los diarios locales se podía leer la trágica cabeza:

“Joven estudiante de artes se suicida con Cianuro”

Y el sumario: “Policía sufre envenenamiento leve al tocar un piano impregnado del veneno líquido”.

La autopsia reveló que Matt tenía altos niveles de  cianuro en su cuerpo. Su muerte había sido agonizante, contrario a la creencia de la “muerte rápida”. Se había quemado los dedos y envenenado primero por el cianuro líquido vertido en las teclas, el cual le había causado en primera instancia somnolencia, dolor de cabeza, náuseas y vértigo. Luego de tocar por más de una hora sin detenerse, el enrojecimiento de su cuerpo era muy notable.

Luego bebió la copa turbia que descansaba en la tapita de su piano. El sabor característico como de almendras amargas le llenó la garganta. Pese a que comenzaba a convulsionar y descender su temperatura corporal, no dejó de tocar, comenzando a fallar en su, hasta ahora, perfecto concierto personal. Los sonidos se volvieron más desatinados y poco armoniosos, transformándose de melodía a agonía. La quemazón interna y el ahogamiento llegaron rápido, su cuerpo dejaba de recibir oxígeno y él caía sobre el piano. Al final, su cuerpo azulado por fin expiró.

Había amanecido como un día cualquiera. Y cualquiera pudo haber amanecido. Matt no.

La gente lamentó el suceso esa mañana al leer los periódicos. Después siguieron su vida normal.

El universo no se detiene por ti.

Mentí.

La gente tampoco.

 

 

 

Morir cien veces 5:56

Prólogo

Quiero morir cien veces.

Y levantarme sólo una más.

Lo más peligroso de un escritor es que muere demasiado. Muere por la belleza del atardecer o por la amargura de una mirada. Cobarde o valiente, a sí mismo no se daña, pero cuando puede, se mata mil y una vez entre sus letras. Y son las letras con sangre las más profundas. Entonces, se mata una y otra vez, diez, cien, mil veces. Juega con vidas que no se pueden levantar y con su destino, pues no puede hacer lo mismo consigo.

Muere por sí mismo y muere por miedo. Muere porque ama la vida y no atentaría sobre sí. No de verdad. Pero la muerte, aunque sea literaria y no literal, acaba con un poquito de sí, de su vida y su dolor, de su alma y su ser. Acaba con su llanto y con las sonrisas. Tiene sus consecuencias, sí. Pues cada personaje que entierra, en ese su panteón personal, lleva impregnada su vida misma.

Pero si muere cien. Existe ciento un más.

 

1.

“5:56”

 

Existen acordes que pueden llegarte al corazón.

Si el dolor pudiera sólo durar lo que Cuasi una Fantasia… sería un dolor ideal. Pero dolor es dolor. Ídem. No más.

A veces, éste va acompañado de miedo, angustia, desesperación.

Ella se apretaba entre las sábanas, soñando y deseando, que el sueño fuese real y la realidad, ficción. Ella pedía fuerzas. Y se sostenía en los sueños, creyendo en el destino y que si, así tenía que ser, se cumplirían.

Pero al final, ella sólo deseaba vivir. Es curioso, ¿no?. Curioso para ella; había pasado años viviendo sin encontrarle sentido a la vida; era muy desesperada y debía a todo buscarle una razón de ser. Pero ahora, que la vida se derramaba minuto a minuto, lloraba intentando atraparla entre sus dedos. Era tan joven.

Su llanto imaginario la despertó. Abrió los ojos que le quemaban por las sales y sus lágrimas le llenaban la boca. Ahogó sus gemidos en la almohada y gritó “Quisiera Vivir”.

Pero el dolor puede cegarnos.

Dominarnos.

Matarnos…

Literalmente.

Y así, con el rostro tapado, a tientas deslizó la mano hasta sus bolsillos, de donde extrajo la Victorinox roja, sencilla, de una sola hoja.

La primera estocada, milagrosamente, se coló entre el dedo medio e incisivo y se clavó en la almohada. Pero para la segunda, ya había mejorado el tino: dio justo en la vena que se le marcaba en la mano. El borbotón de sangre fluyó de inmediato. Media mareada y al punto del desmayo, sabía que no era suficiente.

De nuevo, a tientas, tomó la navaja y la elevó a la altura de la aorta. Podía sentir su pulso contra la hoja. La enterró de un solo golpe, casi limpio y con una bizarra belleza de perfección. Al sacarla, la sangre se regó con cada latido, ya contados de su existencia.

Minuto 5:56. Cuasi una fantasia daba el último acorde mortífero.

Las almohadas, otroras blancas, eran ahora de un fétido carmesí.