Las últimas palabras…


Hoy hablé con una persona muy interesante. En general, hoy me la pasé soñando un poco más de lo normal (que de por sí es mucho).

Poco a poco, ese sueño se ha ido convirtiendo en algo tangible, algo real, algo creíble. Se ha vuelto mi realidad.

De ahora en adelante, lo más seguro es que desaparezca. Sí, así es… “desaparezca”.

Warum? (¿Por qué?) Porque todas mis energías están encauzadas a algo que me está llenando, que me hace respirar día a día, por mi felicidad.

Pero bueno, quitándonos de sueños, me gustaría expresar algo.

La grandeza se lleva dentro, no se hace. Pero, demonios, una buena educación ayuda mucho… ¡Imagínense, tener que abrirme paso proviniendo de un pésimo sistema educativo y aspirar a una universidad en otro país! Pero bueno, repito, la grandeza se lleva dentro. Llámenme ególatra o lo que quieran, pero hay que admitir que muchas veces esa seguridad que alguien puede demostrar, es un crimen para los demás.

La verdad nunca me ha importado, y ahora menos, lo que los demás puedan pensar de mi. Supere eso cuando tenía 8 años. A los 10 dejé de ser “simplista” (trauma -gracias- a mi hermano).

Regresando al sistema educativo, les haré un breve recuento. La primaria, la cursé en la Francisco I. Madero, escuela de adventistas (si me metieron ahí es por una razón que algún día os explicaré). Tuve buenos y malos maestros… lo mejor fue al principio, lo peor fueron mis últimos dos años de primaria, en los cuales nos la pasamos jugando béisbol en el salón con una pelota de goma y un bat-paleta de mesabanca.

La verdad aprendí a leer sola y gracias a mi mamá que me daba muchos libros, sino, sálveme quien sea de cuál hubiese sido mis destino.

De ahí, la secundaria. La Secundaria General Secc. 22 de STPRM… Puf… Una gran casa de dinosaurios analfabetas y bestias irracionales. El conserje bien podría darte matemáticas, o español. Como un “maestro” de español que tuve, Armando Cinta Apango, un tipo que aparte de ser un fracaso en la polítca, es también un fracaso como educador. Enseñaba español, pero no sabía escribir. ¡Ni siquiera sabía identificar el objeto directo en un frase! Y no sólo está él. Hay muchos más. Realmente son pocos los que se salvan, muy pocos.

Así pasé la secundaria, entre mulas y moloches. Y por fin, entré al COBAEV.

Amé esos tres años por razones que realmente, yo misma me busqué. Primero que nada, los concursos. Fue una experiencia genial, algo que al menos motiva, aunque en algunas ocasiones nos hayamos quedado con dudas sobre los resultados.

Luego los amigos. Conocí personas inteligentes, otros puntos de vista. Quizá a quien puedo citar con más cariño en cuanto a lo intelectual, es a Jesús Alberto Magariño “Chucho”, quien me enseño muchas de las cosas que sé ahora de historia de México, de ESEMEX y filosofía. Nuestras pláticas histórico-filosóficas se quedaron con lo mejor de mi época de bachiller.

Hugo y Cuba me mostraron el valor de la amistad mil trucos de las computadoras y una imaginación que va más allá de todo.

Ellos tres son mi tesoro.

Después, la universidad. La FACICO de la UV. Cuando entré sentí que era todo un reto. Hoy, no es que no lo crea, pero no experimento una competencia. Alto, antes de que peguen de brincos y saltos compañeros de facico que lean esto, me refiero a que siento que todos, como facultad, podríamos dar más, ser mejores. Tenemos muchas fiestas, muchos eventos, pero pocas muestras de cine, pocos eventos culturales. Tenemos buenos profesores, pero no los aprovechamos del todo. ¿Qué es lo que quieren, compañeros?

Recuerdo una ínfima polémica que se desato por la crónica de una compañera… Con todo respeto para quien escribiera eso, no sé por qué tanto alboroto. Estaba mal escrita. Ok, ok, estamos empezando. Pero no se pueden gastar las energías en cosas que están mal hechas. Al final, todo se redujo a un pleito de “amigos”.

¿De qué estamos hechos? Eso lo debe saber cada quien. No tengo nada que demostrarle a nadie. Sólo a mí.

Y éstas son mis palabras. El fénix ya está volando y depende de él, y solamente de él, a dónde quiera ir.

Auf Wiedersehen!

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