La ciudad de los asesinos: La resolución de Cassandra


Un brevísimo pedazo de La Ciudad de los Asesinos… Quizá no le enteindan muy bien, porque este fragmento estará inscrustado muy, muy dentro de la novela. Pero a veces, la autora comparte los pensamientos de Cassandra… ¿O es que realmente Cassandra es un Alter Ego? Jaja… yo creo que sí…

Vicereine

Cassandra, más fría que nunca, desolada hasta el alma y ardiendo en cada gota de sangre que fluía por sus venas, miró la fotografía de Lawrence. Eran las 3:28 de la madrugada y la tristeza que cargaba dentro de sí, tristeza que él consideraba estúpida, se convirtió en amargura y luego, en odio.

Observó su pose, esa mirada maliciosa y seductora, esa boca torcida tan simbólica de él, el cabello que días antes se enredaba con los de ella. Deseó poderlo olvidar, pero su destino estaba atado. Deseó ignorarle, para ver si de esa forma él se acercaba de nuevo, como comunmente recomiendan que una chica le haga a un hombre. Pero lo que ella no sabía era que no se trataba de la atención que en él llamase; ya la tenía. Si Lawrence se había apartado, era simplemente para que ella rehiciera su vida y, más que nada, para que pudiera mantenerse viva.

No era un juego. Él pensaba en ella frecuentemente. En cambio, Cassandra estaba confundida; casi se había vuelto enemiga de él. Pero ella tenía razón en algo: aunque todo pareciera indicarle lo contrario, había ganado. Lo tuvo a él; lo tenía aún, pero ella desconocía eso. Pero sí, la joven que arrugaba entre sus mano la fotografía de su mentor a la luz de una vela, había logrado quedarse con lo más importante de Lawrence, algo que pensaban no existía: su corazón.

Cassandra pronunció las amargas palabras que determinarían su futuro.

“Hasta ahora has creído en que llevas la victoria, confías en que lo que sucede, es lo que quieres. Sin embargo tan tonto eres para darte cuenta que controlado estás siendo como un títere.

Pues aqui lo importante no es lo peligroso que fueres, sino lo inocentemente inofensiva que puedo parecerte.

¿Has sentido el filo de la muerte en tu cuello? ¿Lo has sentido? Pues verás, mi oscuro guía, que no se compara para nada con lo que realmente soy.

¿Así que caminas despreocupado? ¿Así que crees que tienes todo bajo control? ¿Así que mi inocencia, te protege; mi emotividad, te da seguridad y mis sentimientos, poder?

Tened cuidado con los espejos… Que por algo mis ojos siempre han brillado demasiado…”

El rostro de Lawrence quedó dividido en innumerables pedazos, que luego fueron consumidos por el fuego.

Cassandra apagó la única vela que iluminaba su cuarto. Y luego de tal resolución, por fin pudo descansar.

LCdlA

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